Guadalquivir en la sala de montaje

Este video es a la vez un proceso y su resultado. Combina imágenes grabadas  en un estudio durante las mezcla de sonido de la película documental Guadalquivir, con insertos de nuestras propias copias de trabajo, todavía con los códigos de tiempo en la pantalla. Es la fase previa a la mezcla final, todavía sin música ni locución. La fase en la que en el cine sólo se escucha la naturaleza.

He seleccionado dos secuencias, muy distintas pero en las cuales el sonido natural se basta para describir los acontecimientos. La primera es de una bandada de grullas en montanera, revolviendo los suelos de las dehesas de Sierra Morena en busca de bellotas. Encadena con una impresionante carroñada de buitres; las peleas, cacareos, aletazos y picotazos de buitres leonados y negros suceden en primer plano, rodeados de moscas y de unas impasibles urracas.

En el estudio de grabación, del tamaño de un cine mediano, el sonido adquiere su verdadera dimensión; las aves se desenvuelven en unos espacios que bien podrían caber dentro de la sala. La distancia entre altavoces permite reproducir los movimientos; el sistema de sonido envolvente nos coloca en el centro de las bandadas, sacudidos por el viento, rodeados de gritos siniestros.

El estudio de grabación es Best Digital, equipado con Dolby Atmos. Guadalquivir es, por cierto, el primer documental que se ha masterizado en este sistema de sonido inmersivo. Las imágenes de la película –las bien grabadas- son de su director, Joaquín Gutiérrez Acha; las del estudio –las mal grabadas- son mías. Estrella Morente pone la voz en la película, lo que marca diferencias aún más grandes con respecto a lo que se escucha aquí.  Pero nada de esto sonaría bien si en el equipo de sonido no estuvieran Juan Ferro y Nicolas de Poulpiquet; este último, por cierto, a los mandos.

La encina de AEPDEN

Aepden serieLa larga vida de una encina que se convirtió en símbolo. En 1977 se fundó AEPDEN, la Asociación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza. Un grupo seminal en el nacimiento del movimiento ecologista en España. La encina La Marquesa, arraigada cerca de Navalmoral de la Mata, fue nuestro emblema.

La Marquesa se secó hace años. Sobrevivió al grupo, que se ramificó en varias escisiones. El movimiento ecologista sigue.

 

 

El eco en una ciudad de piedra

Una geometría sonora

El sonido y sus reflejos, el eco y la reverberación, rellenan el espacio, viajan a la distancia, son absorbidos y reflejados, moldeados por las formas, por los materiales del lugar. El trueno sigue al rayo, el sonido sigue a la acción. Y cuando llega al oído lo hace cargado de información, de detalles: distancias y geometrías.

La ciudad de Segovia es una caja de resonancia. En cada pared de piedra, bajo las cornisas, detrás de las tapias de los huertos vibra una llamada.

El sonido, pues, traza un dibujo sin líneas de la ciudad de piedra.

Este montaje se abre con el goteo del agua en una cavidad; el tiempo de reverberación de cada gota explora la profundidad, el tamaño. A continuación sigue el borboteo del agua en la fuente que rellena el silencio del claustro del convento de San Vicente. Las resonancias de los cantos de las aves -mirlos, zorzales, oropéndolas, pitos reales, vencejos y colirrojos- bajo el dosel arbóreo de la alameda del Parral, un día de tormenta. El zumbido profundo que emerge del fondo de la torre de la Catedral, sacudida por el viento; tañe la campana del reloj y a su alrededor se arremolinan todas las campanas de la ciudad. La quietud de un amanecer en la plaza de la Trinidad, con crotorar de cigüeñas en los tejados y cánticos de oración que escapan a la calle a través de los muros. Concluye esta miniatura sonora con el paso del día a la noche en las huertas de San Lorenzo, hora de grillos destemplados, mochuelos, autillos y alcaravanes, de la puesta en escena del canto del ruiseñor.

En este video el sonograma sirve de soporte para la versión estéreo de la instalación en sonido envolvente, 5.1, del Auditorio del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, de Segovia. El montaje se puede escuchar en el horario de martes a viernes de 13 a 14 h. y de 16 a 19 h., sábados de 13 a 20 h. y los domingos de 11 a 15 h., a partir del martes día 6 de mayo y hasta el 14 de septiembre, día en que se clausurará, junto con  la muestra de José Manuel Ballester UMBRALES DE SILENCIO.

Aprendiendo a volar

Una nueva experiencia, dirigir el rodaje y la postproducción de este anuncio para Vodafone.

Planificación, localización del emplazamiento, construcción de un falso nido y días de ensayo para que un águila que hace mucho que aprendió a volar parezca indecisa.

La idea, resuelta de una manera muy sencilla, muestra a un ave flotando y jugando con el viento. Un tratamiento que me gusta más que el de tantos documentales de naturaleza, donde las grandes aves rapaces (y más si llevan el apellido de «real» o «imperial») son descritas en términos marciales, heráldicos, de poderío.

En Monfragüe, para Tesauro, con Miki Heras de productor ejecutivo (¡gracias!), Señora Rushmore como agencia y Espartaco y Xena, las protagonistas, manejadas por José Peralta y Fran. Imagen de Junior Díaz y Pablo Pez

Tambores de agua

https://soundcloud.com/carlos-de-hita/tambores-de-agua-water-drums

En un claro abierto en la selva de Camerún, muy cerca del corazón de las tinieblas, un grupo de cuatro o cinco mujeres m´baká hacen música acuática. Para ello palmotean la superficie de una charca con las manos ahuecadas. Ellas ponen el ritmo, la lámina de agua el sonido y la selva tropical añade la acústica.

Noctua

NOCTUA es el programa de la Sociedad Española de Ornitología, SEO/Birdlife, para cartografía las aves nocturnas en España. El trabajo de campo, en la oscuridad, se hace por medio del oído. Y esta es mi colaboración en forma de guía sonora, para quien quiera familiarizarse con las voces de las aves de la noche.

Toda la información en www.seo.org

La rana y la tormenta

Historias mínimas del otoño. Otoño 2

Para escuchar, pinchar aquí: http://www.elmundo.es/especiales/2008/05/ciencia/sonido_naturaleza/sonidos_28_09_2013.html

Un pequeño cuento de otoño. En tiempos de grandes cambios en la naturaleza, cuando oleadas de aves migrantes nos sobrevuelan rumbo al sur, cuando por los montes de media España retumban los bramidos de los ciervos en celo, hoy nos fijamos en un episodio modesto: la vitalidad de una rana bajo un aguacero.

Se acerca una tormenta.  La atmósfera está quieta; no se mueve una brizna de aire y en el silencio del campo se palpa la tensión.

Lejos retumba un trueno. Una rana común croa en los restos de lo que fue una gran charca, reducida a un poco de lodo después de un largo y reseco verano.

Un petirrojo reclama desde unos arbustos. Y aunque esta es su llamada habitual, parece que con estos chisporroteos  subraya la tensión del momento.

Con la que se viene encima, nadie quiere destacar demasiado. Escapa un mirlo y su grito agitado se pierde entre la vegetación. Encaramado a unas ramas silba, discreto,  un estornino negro. Algunos grillos de otoño rascan sus alas, aunque las estridencias son apagadas, sin brillo, como si les costara encontrar un sonido afinado.

Desde la distancia, bosque adentro, las cornejas graznan fúnebres presagios. La tormenta ya está aquí, precedida por fuertes ráfagas de viento. Y bajo el aguacero, sólo la rana mantiene su canción, feliz porque al fin ve crecer su charca.

Y así va llegando el otoño.