El cuco y la corneja


Viernes, 10 de abril
Hay bronca en el bosque. En estos días han llegado a Valsaín los primeros cucos, consumados parásitos, especialistas en dejar que sean otros quienes incuben sus huevos. El cuco se burla, las cornejas lo saben y no parecen dispuestas a dejarse engañar.

El viaje que no podrá ser


Viernes, 3 de abril
Esta es la crónica sonora de un viaje de semana santa que no podrá ser. En realidad este es el único sonido grabado en el día de hoy, un mirlo en la ventana de casa. Todo lo que sigue son recuerdos, registros de anteriores y más felices primaveras. Así, imagino que ahora mismo las gaviotas andarán con sus pendencias por A Costa da Morte. Las codornices anunciarán la buena cosecha en los trigales de la Tierra de Campos, mientras que alguna perdiz roja corecheará subida a un majano, en los una dehesa de la Campiña Sur. En los abetales del Pallars costará desentrelazar esta maraña sonora. Un alcaraván silbará en los predios de Menorca, y los flamencos andarán quejándose en las marismas del Guadalquivir. Resistiremos aún, antes de volver a pasear bajo las umbrías laurisilvas canarias.

El pinar en los nombres de las aves


Diario sonoro de un encierro. Miércoles, 1 de abril
El viento cálido de abril trae una suave llovizna al bosque. Un pinar, como se encargan de recordarnos los nombres de las aves. Por un tronco trepa un trepador azul. Gatea un agateador. Picotea un pico picapinos. Y desde las copas canta un carbonero garrapinos.  El elenco del bosque está completo cuando entran en escena dos ardillas. Estas, sin apellidos

Después de la nevada

Martes, 31 de marzo
Con la nevada y la vuelta del frío el bosque ha cambiado de aspecto. El silencio de la atmósfera quieta ha sido sustituido por este rumor del viento en las copas de los pinos. Y por debajo de ellas, en vez de cantos adornados se escuchan discretos reclamos, llamadas agudas como alfilerazos. Con el fúnebre vaticinio de las cornejas al fondo.

Cinco mirlos

Diario sonoro de un encierro. Lunes, 30 de marzo

A primera hora de la mañana ha empezado a nevar en este rincón del bosque de Valsaín, en el alto Guadarrama. Pero hasta ese momento, con las primeras luces, la primavera todavía resonaba con fuerza. Hasta cinco mirlos cantaban a la vez y formaban esta especie de madeja sonora.

Una vaguada en el pinar

Diario sonoro de un encierro. Viernes, 27 de marzo.
Este es el escenario a primera hora de este viernes: una vaguada en el bosque por la que escurre un arroyo, envuelto en una maraña de zarzas y espinos. El sol ilumina solo las copas, la atmósfera está tibia. Y a medida que sube la luz, sube también el concierto de las aves.

De buena mañana, al sol

Diario sonoro de un encierro. Jueves, 26 de marzo.
Sin tráfico, sin aviones, las llamadas de las aves se propagan sin interrupción por la atmósfera limpia del bosque. De buena mañana, al sol pero aún bajo los efectos de la helada nocturna, canta un pinzón vulgar…, y le da la réplica un agateador común, que gatea por el tronco del pino que utiliza este picapinos como instrumento.

En la orilla del mar

Diario sonoro de un encierro. Miércoles, 25 de marzo
Abandono por un día mi aislamiento en el bosque de Valsaín para viajar-en sentido figurado- a la costa. Un buen amigo, que vive junto al Mediterráneo, me escribe para contarme su desolación porque desde su encierro en casa no se ve el mar. Quizá con esto, si cierra los ojos, pueda viajar por unos momentos a la orilla.

Vendaval en el bosque

Diario sonoro de un encierro. Martes, 24 de marzo.

Durante toda la noche el viento ha soplado con fuerza y por momentos el bosque crujía como un navío en una tempestad. A ratos, los corzos que asomaban a los claros del bosque ladraban sin motivo aparente.