El canto sexi de los canarios, un grito de libertad
Un simple trino oculto en una larga parrafada, la repetición a una velocidad frenética de hasta veinte notas en un intervalo de un segundo, recuerda a los canarios enjaulados su remoto pasado en libertad.
Una de las funciones primordiales del canto de los pájaros es convencer a las hembras de las cualidades de los machos. La voz contiene mensajes codificados con información verosímil – honesta, como se dice en la jerga científica-, sobre la fuerza, la capacidad, la tenacidad, la edad y hasta la astucia del cantor. Lo que para nosotros es una serie de sonidos más o menos agradables, más o menos elaborados, para las aves es un sistema altamente codificado: la información necesaria para que la hembra elija.
Toda esa información está encerrada en la secuencia de canto de los canarios; en la de los silvestres, desde luego. No tanto en la de los enjaulados, quizá más numerosos que los afortunados congéneres que vuelan libres por los matorrales, huertos y bosques de sus islas afortunadas. Libres o cautivos, entre las largas series de trinos, gorjeos y silbidos pasa casi desapercibida una rápida repetición de hasta veinte notas en «sttacato», contenidas en menos de un segundo, con intervalos de separación inferiores a cincuenta milisegundos. Es lo que los *bioacústicos llaman «sexy syllables», el canto sexi de los canarios. Una rapidísima articulación cuya ejecución lleva a los límites la capacidad técnica del cantante. La imagen gráfica, el sonograma, muestra cada nota como una pincelada dividida en dos mitades, una grave, en la parte baja, y otra muy aguda, arriba, casi rozando los veinte mil hercios, que es el límite superior de nuestra capacidad de escucha. En su producción intervienen los dos canales de la siringe, el derecho para la parte más grave de la nota y el izquierdo para la aguda. Una auténtica proeza que solo los machos más capaces pueden realizar, pero que cualquier canaria sabe apreciar. Algo en sus preferencias, un sesgo sensorial, una agudeza especial para captar matices inaudibles para nosotros, parece convencerlas de que un tipo capaz de semejante alarde técnico debe ser un buen compañero para compartir la crianza.
De tan discreto, el canto sexi de los canarios es contraintuitivo. Sus preferencias vocales naturales no coinciden, necesariamente, con las de los canaricultores, esa gente que llama silvestrismo a encerrar en una jaula a los pájaros para que canten con una voz modificada, que no es la suya. Los pájaros llamados «bien timbrados» utilizan rangos de frecuencias más amplios, educados a base de tutoriales para que emitan un canto más ampuloso y grandilocuente que el de sus congéneres silvestres. Pero enjaulados o libres, algunos canarios incluirán en sus largas parrafadas estas breves notas de seducción. Y las hembras, libres o cautivas, responderán siempre al mensajero. Es como si, conservado en su memoria, esas rápidas notas fueran un recuerdo de su pasado salvaje. Un grito de libertad codificado en la voz de un pájaro enjaulado.
*(Valler&Kreutzer 1997, Nagle&Kreutzer 1997)