Liternatura
Ruido y silencio son el relato de la crisis ambiental
Luci Romero
Octubre 2025

- Después de cuatro décadas grabando sonidos, ¿por qué era ahora el momento de reunirlos en un volumen?
- En realidad, no es el primer libro con sonidos asociados que publico. Pero sí es aquel en el que recopilo las experiencias, y, por tanto, las grabaciones asociadas a muchas visitas a estos espacios. Mi relación con los parques es muy cercana; a lo largo de este tiempo he visto duplicarse su número, ampliar su extensión. Pero también el declive de la mayoría. Además, yo vivo en el límite de uno de ellos, en la Sierra de Guadarrama. En cierto modo, los parques nacionales han sido mi territorio de campeo durante décadas.
- ¿Qué significa para ti haber convertido este trabajo en una especie de “cierre de ciclo”?
- Más que un fin de ciclo, se trata de una recapitulación. En el año 1991 recibí un encargo insólito: recorrer los parques nacionales para elaborar una fonoteca zoológica. Enseguida empezamos a publicar una serie de CDs con sus paisajes sonoros. Empezando por Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo de Huesca, y la Montaña de Covadonga, hoy ampliado a Picos de Europa. Le siguieron Doñana, Las Tablas de Daimiel, El Teide, Timanfaya… Un catálogo de nombres que reúne lo mejor de la naturaleza en España. La serie quedó incompleta, el formato CD prácticamente desapareció. Pero yo he seguido recorriendo los parques micrófono en mano. Ese ha sido mi privilegio.
- Tras tantos años dedicándote a los paisajes sonoros, ¿cómo crees que cambia la experiencia de un lector cuando pasa de leer a escuchar el mismo paisaje?
- Describir lo que se escucha, escuchar pensando en cómo describirlo. Para mí es un ejercicio literario.
- Cuando ando por el campo mantengo siempre la actitud de escucha atenta. “Ver de oídas”, me gusta decir. Eso obliga a ir despacio, parar a menudo, dejar que la secuencia sonora, casi siempre interrumpida por nuestra presencia, vuelva a sonar. Esos sonidos son el relato que la naturaleza hace de sí misma, con sus propias palabras. Al escribir esa experiencia, yo intento transmitir, de palabra, lo que he oído: quiénes están ahí, cuántos son, qué están haciendo. Esa es la biofonía. Pero también escucho el escenario, la geofonía: los sonidos del agua, del viento, el eco, la reverberación… Son las maneras en las que el sonido dibuja el espacio. Intento que el lector de los textos, al convertirse en oyente de los paisajes a través de los códigos QR, perciba el mismo relato, aunque desde diferentes puntos de vista.
- ¿Qué criterios usas para escoger el momento y lugar exacto de una grabación?
- Escucho y grabo los paisajes. Nunca hay dos composiciones iguales, los momentos sonoros no se repiten en el aire libre, a lo largo del año, en las horas del día. En ese sentido, tanto vale aproximarse al ambiente cargado de una laurisilva canaria como a los silencios del Teide.
- ¿Cómo lidias con la presencia inevitable del ruido humano en espacios protegidos?
- Es el mayor problema. El ruido es como una mancha sucia que llega hasta los últimos rincones. Estés donde estés, siempre habrá una carretera cerca, un pasillo aéreo, maquinaria, motosierras… Parece mentira la cantidad de motosierras que se escuchan por los bosques de este país. Bajo el mar -en el Archipiélago de Cabrera, o las Islas Atlánticas de Galicia, por ejemplo- las ondas sonoras de los barcos se propagan a gran distancia e interfieren en la intensa y desconocida conversación de las especies submarinas. Y contra eso no hay protección legal que valga. Solo vale madrugar un poco más e ir cada vez un poco más lejos. Fuera del alcance del ruido. Cada vez más, mi trabajo consiste en buscar silencios.
- A lo largo de los años, ¿qué transformaciones has notado en las voces de la naturaleza?
- Como decía un poco antes, el paisaje sonoro es el relato que la naturaleza hace de sí misma, con sus propias voces. En las últimas décadas el ruido ha ocupado el espacio. Y en la biofonía se han abierto grandes vacíos. La hecatombe de los insectos, de las abejas, los grillos y los saltamontes, se suma a los silencios de los anfibios o a la desaparición a lo largo de las cuatro últimas décadas de la mitad de las aves europeas. De los “solistas”, no de las especies. Ruido y silencio, el relato de la crisis ambiental.
- ¿Hay especies o ambientes cuya desaparición sonora hayas registrado de primera mano?
- Es un proceso lento, imperceptible. Hasta que un día piensas que oyes peor, que has perdido capacidad auditiva. Y lo que sucede, sencillamente, es que en la naturaleza faltan muchas voces.
- ¿Qué nos dice la pérdida de sonido sobre la crisis ecológica y climática actual?
- (Creo que ya lo he respondido más arriba)
- Entre los dieciséis parques, ¿hay alguno cuyo paisaje sonoro sea especialmente frágil o más vulnerable en los últimos años?
- Hay pocas experiencias más decepcionantes que escuchar las voces de las aves esteparias, las de los secanos, en las marismas de Doñana. A la misma hora, en el mismo lugar donde unos años antes has escuchado el clamor de decenas de miles de aves acuáticas, de anfibios, chapoteando en el agua de la llanura inundada.
- ¿Cuál recuerdas como el más exuberante en términos acústicos de estos dieciséis parques?
- Si por exuberancia entendemos diversidad, cantidad y sorpresa, la vieja Doñana, la que se inundaba regularmente y conservaba sus lagunas encharcadas para los meses secos del verano.
- Si tuvieras que elegir un único sonido para representar cada parque, ¿cuáles serían?
- En el libro hay un apartado en cada parque llamado Foto Síntesis, un elemento, nunca un sonido, que para mí representa a ese espacio. Me pides ahora una Audio Síntesis. Ahí va, de oeste a este y de norte a sur, como leemos en los mapas:
- Illas Atlánticas de Galicia. El bramido de un temporal de poniente en una furna, el Buraco de Inferno, en la isla de Ons, por ejemplo.
- Picos de Europa: el aullido de un lobo, el tintineo del ganado.
- Ordesa y Monte Perdido: el retumbo del trueno dentro del cañón.
- Aigüestortes i Estany de Sant Maurici: el sonido creciente del agua, de una gota en un carámbano de hielo al oleaje del agua detenida en un estany, pasando por cauces, meandros y cascadas.
- Sierra de Guadarrama: el tamborileo de los pájaros carpinteros en los pinares, las pequeñas avalanchas de nieve que caen desde las copas de los pinos al salir el sol tras una nevada.
- Monfragüe: el siseo, la estela sonora de los buitres al ceñir el viento.
- Cabañeros: los bramidos de la berrea de los ciervos.
- Arxipèlag de Cabrera: los llantos y lamentos de las pardelas, aves marinas de las noches sin luna.
- Sierra Nevada: los testarazos de las cabras montesas en celo.
- Doñana: el recuerdo de los grandes clamores en la marisma inundada.
- Sierra de las Nieves: los sonidos resecos del verano, el “raca raca” de las cigarras en los pinsapares.
- Timanfaya: las mil maneras en las que el viento hace silbar a la roca volcánica.
- Caldera de Taburiente: el borboteo del agua que baja encerrada por galerías de piedra.
- Teide: el silencio mineral de las Cañadas.
- Garajonay: el concierto de los mirlos.
- ¿Qué dificultades técnicas son más comunes al grabar en campo abierto?
- En la naturaleza todo suena demasiado lejos; los animales desconfían de nosotros, con razón. El viento, la lluvia, los ruidos, las propias marañas en las que se enredan las voces de unos animales con las de otros, complican el registro. Todo son desafíos, todo es difícil. Pero cuando consigues escuchar una imagen sonora sólida, contundente, resonando a través de los auriculares dentro de tu cabeza, los problemas se olvidan.
- ¿Se puede “traducir” fielmente un paisaje en sonido, o siempre queda algo fuera?
- El paisaje sonoro es la banda sonora del lugar. No cuenta lo mismo, complementa el relato.
- ¿Cómo puede la escucha convertirse en herramienta de educación ambiental?
- ¿Crees que aprender a oír lo que nos rodea puede cambiar la forma en que protegemos la naturaleza?
- Guiarse por el oído implica ir despacio. Y eso, de por sí, ya es una herramienta didáctica. Pero la escucha obliga también a un ejercicio intelectual, interpretar lo que está sucediendo, aunque no lo veamos. Así, nuestra actitud se parece a la de un rastreador, que interpreta lo que acaba de suceder por las huellas, los restos que deja un animal a su paso. La escucha es inmersiva, siempre nos coloca en el centro de la escena. Creo que todo esto son herramientas muy útiles para la educación.
- Además, aprender a escuchar la naturaleza, a disfrutar de su banda sonora, te convierte en un ciudadano más exigente ante la degradación ambiental. Hay que recordar que durante los meses de confinamiento por la pandemia de COVID, la gente abrió las ventanas y escuchó el canto de la naturaleza afuera, en sus calles. Y eso, que despertaba comentarios de admiración, quizá fuera lo único positivo que sacamos de aquel encierro.
- ¿Qué te gustaría que un lector recordara al cerrar el libro y quitarse los auriculares? O ¿qué impacto esperas que tenga el libro en quienes lo lean y escuchen?
- Que salga al campo a escuchar; que deje sus propios ruidos atrás; y que, si las cosas siguen mal, recuerde que, al menos, en otro tiempo sonó bien.
Otoño, estación de paso
Una conversación con César Javier Palacios
Otoño de 2023

- Este libro tiene algo (o mucho) de nostálgico. Nos invitas a recordar los sonidos de un otoño “como los de antes” que el cambio climático ha transformado en “veroño”. El verano ahora dura cinco meses y el invierno es casi inexistente, pero según los científicos, lo peor está por llegar. ¿Cómo suena este desastre en la naturaleza?
Como una orquesta desacompasada. El director -el clima- ha perdido el sentido del tempo. El otoño siempre ha sido una estación convulsa, los acontecimientos se suceden atropelladamente: tormentas, gotas frías -me cuesta la pedantería de dana-, veranillos, lluvias de hojas, nevadas, temporales… Todo eso sigue sucediendo, pero en mayor desorden: los ciervos berrean en noches veraniegas; las hojas de los árboles se secan antes de virar a los colores otoñales; las bandadas de ánsares cruzan toda Europa para darse la vuelta al llegar a sus marismas resecas. Y las nevadas…, ya veremos.
- ¿El otoño es una estación de paso o de quedarse?
Es la estación para observar, bien plantado, a los que pasan de largo: a los millones de aves que viajan al sur a través del estrecho de Gibraltar, a las oleadas de grullas y demás invernantes que vienen del norte, a las hojas barridas por el viento, los rebaños trashumantes en su viaje de puertos a extremos. Es también el mejor momento para mirar al mar desde los cabos del Cantábrico y observar los cientos de miles de aves marinas, algunas con origen en el Ártico y destino final en los mares antárticos. Y de esperar, pacientemente, a que aúlle un lobo o a que ronquen los gamos.
- ¿Es la serenidad y la calma lo mejor que tiene viajar de oídas?
No se conoce un paisaje hasta que se escucha su banda sonora. La biofonía solo se expresa en su totalidad cuando el campo está tranquilo. Viajar de oídas es viajar despacio.
- Tus textos son magníficos, pura literatura de naturaleza, pero tengo una duda. ¿Debemos escuchar cada paisaje sonoro al mismo tiempo que leemos su descripción, o sería mejor leer y después cerrar los ojos para recrearnos con cada sonido?
Ponme a prueba. Lee primero el texto, intenta imaginar cómo es la situación, cómo resuena el paisaje descrito, y después escucha las grabaciones. Y a ver si ambos relatos te cuentan la misma historia.
- Todos los audios que ofreces en este libro se escuchan en sonido binaural. Consigues así que nos sumerjamos directamente en increíbles paisajes donde el oso parece que te gruñe junto a la oreja y el ciervo trota a tu lado. ¿Cómo se logra esta magia?
Hay varias maneras de hacerlo. El sonido binaural es inmersivo, siempre que se escuche por auriculares. Para conseguirlo el proceso comienza, naturalmente, con una inmersión en la naturaleza, para registrar todos esos sonidos con la presencia y la calidad necesaria. Después, en el estudio de sonido, se procede a montar en un sistema de sonido envolvente, Dolby Atmos -lo de Atmos ya indica por dónde va la cosa- y su conversión a binaural. El proceso es el mismo que el de composición de las bandas de sonido de cine. Y la intención, resumir en un par de minutos secuencias naturales muy largas, de horas o incluso días, y componer un relato, mis recuerdos de una experiencia en el campo, “real como la vida misma”.
- ¿Es la lluvia el sonido más esperado y amado del otoño?
Vivimos en una tierra sedienta. Si miro hacia atrás, recuerdo con angustia la duración de las sequías y la brevedad de las estaciones lluviosas. El sonido de la lluvia me esponja el ánimo.
- ¿Cómo de grandes son los silencios otoñales?
Pasadas las berreas de los ciervos y las tormentas de septiembre, lo que caracteriza acústicamente al otoño es la combinación de grandes silencios con breves estruendos. En una dehesa silenciosa -ni los pájaros, ni los insectos ni los anfibios dicen casi nada-, los voceríos de las grullas que pasan de largo. En una laguna esteparia, los graznidos de decenas de miles de gansos. En plena nevada, donde todo se mueve pero casi nada suena, los reclamos de los pájaros arremolinándose en torno a unos arbustos. En las planicies de barro de las rías, ni mar ni tierra, los silbidos de las aves limícolas. Todo ello con permiso, claro está, del bramido del viento.
- También el otoño es tiempo de ruidos gregarios, de bandos de aves viajeras, de trashumancia, berreas y roncas. ¿Podríamos decir que es una estación que une y emociona a todos los animales sintientes, nosotros entre ellos?
En otoño los solitarios se vuelven gregarios. Bandadas de decenas de miles de aves evolucionan al atardecer. Eso que llamamos “murmuraciones”, pero que, en realidad, suena como un mar embravecido. Es tiempo de empezar a buscar refugio para el frío por venir. De repartir la escasez. De encender un buen fuego. Eso siempre une.
- ¿Es posible escuchar los colores del paisaje otoñal?
Una paradoja: en los bosques caducifolios, el paisaje visual se enciende y el sonoro se apaga. Bajo la luz cálida del sol a través de las hojas rojas y amarillas, las locuaces aves forestales se dedican al laconismo de los reclamos, por el bosque solo se oyen silbidos, agudos como alfilerazos, y carraspeos. Pero las hojas son amplificadores de sí mismas, y al ser arrastradas por el viento, arremolinadas en corros, emiten un crepitar característico, la firma sonora del bosque caduco otoñal.
- ¿Estamos dejando sin hojas al calendario de la naturaleza?
Como en los viejos calendarios de pared, a veces arrancamos varias hojas a la vez.
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El Mundo, sección de Ciencia
Teresa Guerrero, julio 2021
-Durante el confinamiento por la pandemia nos quedamos en casa, el trino de los pájaros de la ciudad dejó de estar silenciado por el ruido de los coches durante algunas semanas y otras especies animales lo aprovecharon para recuperarse. Usted que graba lo que ocurre a su alrededor, ¿qué percibió cuando volvió a salir en el campo o en las ciudades tras el confinamiento?
Durante los meses de confinamiento el paisaje sonoro recuperó el silencio de un siglo atrás. La atmósfera parecía de cristal: ni un ruido mecánico, ni tráfico ni aviones. Y las voces de los animales se propagaban por ese espacio acústicamente limpio. La angustiosa tragedia que estábamos viviendo daba paso, paradójicamente, a una gran belleza. Con la vuelta a la normalidad la sensación es contradictoria: de alivio, por supuesto, pero también de cierta pena por la expulsión de ese “paraíso acústico” perdido.
-La pandemia de Covid ha servido para que algunas personas se den cuenta de la importancia de estar en contacto con la naturaleza, incluso hay gente que está comprando casas en zonas de campo y mudándose. Usted que lleva muchos años viviendo junto a un bosque, ¿qué opina de este redescubrimiento de la naturaleza por parte de gente de la ciudad? ¿Cree que será una moda o piensa que lo que hemos vivido puede servir para apreciar y proteger mejor la naturaleza?
Más allá de los buenos propósitos expresados en aquellos meses, creo que la única buena noticia de todo aquello fue que, durante un tiempo, la gente abrió las ventanas y escuchó un mundo distinto. Y que eso gustó. Yo quisiera que a partir de ahora fuésemos un poco más exigentes con nuestro entorno sonoro, más intransigentes con el ruido que nos envuelve. El paisaje sonoro es el termómetro de la calidad del mundo en que vivimos. Y el ruido hace que la temperatura suba.
-Lleva más de 30 años grabando sonidos ¿qué cambios en el paisaje sonoro de España ha percibido durante estas décadas?
Muchos. La riqueza de la banda sonora de la naturaleza es también la medida de la biodiversidad. Y en las últimas décadas han desaparecido demasiadas voces, demasiados animales. Los científicos lo han medido. En Europa faltan más de la mitad de las voces que cantaban hace medio siglo. Las abejas están dejando de zumbar sobre los campos de flores y los insectos se callan. En muchos sitios el paisaje sonoro tiende a la simplificación. Y también están los nuevos sonidos: las cotorras recién llegadas que invaden los parques urbanos, las cigarras- el sonido del calor- que suben ladera arriba por los cada vez menos frescos bosques de montaña. La escucha atenta, con perspectiva, permite analizar la evolución de la crisis ambiental.
-En los últimos meses, especialmente, pero también ya desde hace unos años estamos viendo una sucesión de desastres naturales en distintos lugares del mundo, algunos de ellos atribuidos ya directamente al cambio climático por los científicos: devastadoras inundaciones en Alemania o China, grandes incendios en Canadá, EEUU o Siberia… Como sonidista, ¿percibe más fenómenos extremos en España?
Desde luego, los veranos son más largos, y, al menos en mis zonas de campeo, el silencio blanco de las nevadas dura cada vez menos. Hay voces que se extinguen poco a poco, como los urogallos, por múltiples razones, pero con una causa que lo envuelve todo, que es el cambio climático que altera las antiguas sincronías entre los ciclos de animales y plantas. Ya dije antes que el paisaje sonoro nos da la medida de la calidad ambiental.
-Estamos en plena temporada de incendios, ¿a qué suena un paisaje calcinado por el fuego?
En un incendio forestal suena el miedo, si se me permite la expresión. Huracanes de viento ardiente, los chasquidos y chirridos de los árboles al inflamarse, que parecen gritos de desesperación. Y un estruendo de aviones, helicópteros, sirenas, gritos… El sonido agónico de un bosque ardiendo es la negación de todo lo que apreciamos. Y después, con las cenizas grises, solo silencio.
-¿Hay alguna especie grabada en su archivo que se haya extinguido ya?
No, afortunadamente. Aunque algunas caminan directamente hacia allí.
-Si tuviera que describirme un año en los paisajes españoles, ¿qué especies diría que representan mejor o para usted cada una de las cuatro estaciones?
Invierno: silencio en el campo alterado por pequeños alborotos puntuales (bandos de grullas, gansos silvestres, etc).
Primavera: cada día se incorpora una nueva voz en el concierto natural (ruiseñores, golondrinas, oropéndolas, abubillas…) Y todas las ranas en las charcas.
Verano: los sonidos resecos del calor (chicharras, zumbidos de insectos voladores) y, con suerte, el retumbo de las tormentas.
Otoño: tiempo de la berrea de los ciervos, las roncas de los gamos y los testarazos de las cabras montesas.
-¿Cómo se camufla para pasar desapercibido y grabar a las especies más esquivas?
El camuflaje es importante. Pero mucho más lo es la paciencia y una actitud discreta, sin aspavientos.
-¿Cuál ha sido el sonido de la naturaleza que más le ha costado conseguir?
Los aullidos de una manada de lobos (por lo desconfiados), los maullidos de los linces ibéricos en celo en las noches de invierno (por lo escasos), y, en general, el silencio en el campo, más allá del ruido creciente.
-¿Cuál es su grabación más querida?
Las grabaciones son recuerdos de momentos vividos en primera línea en plena naturaleza. Los buenos recuerdos se acumulan. Pero si tengo que elegir, me quedo con el registro de una manada de lobos al final del crepúsculo, en la hora del lubricán.
-¿Qué le recomendaría a las personas que quieren aprender a diferenciar especies en la naturaleza?
En tiempos de apps de reconocimiento automático de plantas y animales -no muy fiables, por ahora-, yo sigo utilizando las clásicas guías de campo, libros con ilustraciones, claves y textos descriptivos. Al menos en mi caso, soy incapaz de memorizar el nombre o el aspecto de una especie si previamente no he hecho el intento de identificarla.
-¿Qué sonidos le quedan por grabar y lugares por visitar para ello?
Muchos. Y todos mejor y desde más cerca.
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Carlos de Hita tiene un sentido más que el resto de la Humanidad. Es sensible a matices de la naturaleza que nadie más puede percibir. Su oído es capaz de eliminar el ruido, de enfocar el canto de las aves, de ver sus ondas sonoras como quien admira la belleza de un cuadro de Caspar David Friedrich, de entender los idiomas que viajan con el viento. Y armado con un potente micrófono recorre bosques, montes, ríos, dehesas, campos, humedales y costas escribiendo con sus reportajes sonoros los más bonitos relatos de naturaleza que se hayan escrito, porque son la naturaleza misma.
Su trabajo, realizado durante cerca de 30 años y los últimos ocho de ellos en el espacio El Sonido de la Naturaleza de EL MUNDO, acaba de ser merecedor del Premio Fundación BBVA en la categoría de Difusión del Conocimiento y Sensibilización, el mayor y más prestigioso galardón en el campo de la conservación de la biodiversidad. Según ha citado el propio jurado, el premio se concede a Carlos de Hita «por su pionera e innovadora trayectoria en la grabacióny difusión de una amplia gama de sonidos de la naturaleza», una labor que según el acta «acerca al ciudadano facetas inéditas de la naturaleza, trasmitiendo un potente mensaje de conservación».
Además, el jurado ha destacado su «pasión y dedicación para revelar al público la dimensión sonora del medio natural, que le han convertido en un referente a escala internacional».
Caminar con Carlos de Hita, ya sea camino de la redacción de un diario en una capital, siguiendo a un pastor trashumante o rodeado de colmenas en el Valle de Liébana, es -para quien ha tenido la suerte de compartir con él esos momentos- un aprendizaje constante. Él nunca descansa. «Hay zumbos, medianos, medianas, recortadas, piquetas, peseteras, grillos… Antes, cada cencerro estaba afinado con un timbre distinto para que los pastores pudieran distinguir a sus ovejas de las de otros compañeros», dice, porque el mundo rural y no sólo la naturaleza más salvaje siempre ha tenido un hueco en su paleta de colores.
El archivo sonoro de Carlos de Hita es probablemente uno de los mejores del mundo. Sus grabaciones no se ciñen sólo a la fauna y a los espacios naturales de la Península Ibérica. También encierran los secretos de África, Asia y América.
El trabajo de Carlos de Hita empezó a llegar al gran público, como recuerda la Fundación BBVA en una nota, cuando en 1991 Iñaki Gabilondo le llamó para participar en Hoy por Hoy, en la Cadena SER: «La novedad era absoluta, los sonidos naturales convertidos en noticia«, recuerda el galardonado. «A través del oído, el sentido de la evocación, la radio nos transporta al mundo natural, y éste nos enseña cómo sus voces son más ricas allí donde se le protege, más pobres allá donde se le ataca».
Además, los sonidos de la naturaleza que ha recogido han quedado impresos en multitud de colecciones de discos, documentales y películas, apps y guías sonoras de identificación. Han resonado en las salas vacías de museos, galerías de arte, iglesias de piedra y centros de interpretación. De Hita ha montado instalaciones sonoras en PhotoEspana y en el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, entre otros. En 2006 fue nominado a un premio Emmy, en la categoría de música y sonido, por sus colaboraciones con National Geographic.
Además del galardón a Carlos de Hita, la Fundación ha premiado este año en las distintas categoría al Grupo para la Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), que ha logrado recuperar especies amenazadas como el buitre negro y el águila azor-perdicera en áreas de España donde llevaban décadas extintas y al Conservation Land Trust, la organización creada por el filántropo Douglas Tompkins, por hacer posible la creación de ocho parques nacionales en Argentina y Chile con una extensión de más de un millón de hectáreas.
Entrevista con Joaquín Fernández para la revista Desarrollo Rural.



EL COLECCIONISTA DE SONIDOS
El séptimo vicio, Radio 3
Entrevista en el programa de cine de Radio 3 El séptimo vicio. Con Javier Tolentino hablamos de sonido, de cine, de bosques, lobos, linces y hasta de la caza.
Emitido el 19 de enero de 2017 en Radio 3, de Radio Nacional de España.
http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-septimo-vicio/septimo-vicio-coleccionista-sonidos-19-01-17/3874989/
Abundante filmografía que va construyendo Carlos de Hita, naturalista y sonidista pero, sobre todo, gran amigo con el que he tenido el privilegio de compartir algunas horas de radio. Nos visita en los estudios de Radio 3; en principio, para hablar de los últimos trabajos que ha realizado para el cine, El faro de las focas junto a Gerardo Olivares y Cantábrico dirigida por Joaquín Gutiérrez Acha con el que ya hizo Guadalquivir. Pero cuando a los laboratorios de Radio 3 viene Carlos de Hita, aparece el mapa de los sonidos de Mongolia, de los desiertos de Mauritania, Argelia y tengo la sensación de estar con un Taras Bulba que galopa a caballo, cargado de micrófonos, antenas y como acostado entre las charcas de la península o entre las hierbas del Coto de Doña Ana, amigándose con el lince. No te pierdas este programa, si quieres escuchar los sonidos de un planeta que no nos cansamos de machacar.
Javier Tolentino
La Escucha Atenta (LAE)
Cuestionario publicado en el blog de Juanjo Palacios, diciembre de 2012
Mi aproximación al mundo del sonido, al paisaje sonoro y a la acústica, fue a través de la observación de la naturaleza. De los cantos de las aves pasé a la comunicación animal, al interés por la bioacústica, y de ahí al paisaje, la geografía, la geometría y la imagen sonora. Los sonidos del paisaje dieron paso a los del paisanaje, a las actividades tradicionales, a alguna música que se colaba por ahí. Y al ruido de la civilización industrial. En este camino sólo he encontrado una barrera infranqueable: el tráfico, un telón de fondo cada vez más espeso.
He trabajado para casi cualquier medio en el que suena algo: cine, documentales, discos de interpretación del paisaje sonoro, guías de campo, radio y audioblogs. También he hecho algunas instalaciones sonoras en espacios singulares: museos, criptas, capillas, catedrales, cuevas, …, cualquier sitio concebido para una propagación eficaz del sonido.
+Información:
Publico un audioblog semanal en la sección de Ciencia de elmundo.es, algo así como un calendario sonoro de la naturaleza.
http://www.elmundo.es/especiales/2008/05/ciencia/sonido_naturaleza/archivo.html
Acabo de abrir mi propio blog, que pretendo llenar con sonidos geolocalizados de mi archivo. Pero aún está un poco verde. Tanto que no sé si hasta le acabaré cambiando el nombre.
www.carlosdehita.es
1) ¿Cuales son tus lugares preferidos para realizar grabaciones de campo?
Cualquiera donde suene algo interesante, ambientes, atmósferas que se puedan contar a través de sus sonidos. Para mí eso suele ser lejos, muy lejos, fuera del alcance de carreteras, pasillos aéreos y cualquier otro residuo sonoro de la sociedad mecanizada. Y si es en el campo, me gustan las horas extremas del día, al amanecer y mejor aún en el crepúsculo y por la noche, cuando las formas desaparecen y la imagen tiene que ser sonora.
Esto no quiere decir que no me interesen las atmósferas sonoras urbanas; pero el telón de fondo del tráfico lo iguala todo de una manera tan violenta que la búsqueda de lo original se agota pronto.
2) ¿Puedes describir, dentro de lo posible uno de tus paisajes sonoros favoritos?
Permíteme que elija dos. Los dos nocturnos y bien distintos.
En plena noche en la selva, en Camerún. Estridencias opresivas de las chicharras y demás insectos; unos gritos estremecedores desde las copas de los árboles –en realidad un inofensivo damán arbóreo-, oscuridad total, sin sombras ni estrellas. La atmósfera húmeda favorece la propagación de sonidos muy distantes. Todo lo que se percibe es desconocido e inquietante, lo que produce una sensación de desvalimiento total. Pero al fondo, a lo lejos, se ve un resplandor rojizo. De él emergen unas voces, unos murmullos apagados y algunas risas. Se trata de un grupo de m´bakas, unos pigmeos que, en medio de la selva hostil, se refugian en un círculo de hogueras y se reconfortan con la conversación. Una escena neolítica, que se viene repitiendo desde la noche de los tiempos.
Las Tablas de Daimiel, noche fría y estrellada de invierno; noche de helada. Llevo varias horas sentado en la orilla del río Guadiana en el punto en que se desborda para formar una tabla, una laguna abierta. Delante, a unas decenas de metros, se escuchan los ronroneos y los silbidos de unas grullas en su dormidero. De vez en cuando, en el silencio de la noche, alguna de ellas se alarma y lanza unos trompeteos agudos, que se reflejan como un eco en la lámina de agua. Y de pronto, cuando me creo en la más absoluta soledad, un zorro, que tampoco se ha percatado de mi presencia, empieza a ladrar a pocos metros a mi lado, no más de diez; ladra quizá porque está en celo; o quizá ladra a la noche.
En ambas situaciones, registradas conteniendo la respiración, he tenido la sensación de que pertenezco a un mundo muy antiguo.
3) ¿Hay algún sonido o conjunto de sonidos que te resulten especialmente atractivos?
Creo que ha quedado claro que disfruto mucho con los sonidos de la noche. Pero también me gusta entender los cambios que provocan en las ondas las condiciones ambientales, el medio físico y el espacio. Me gustan los ecos, la reverberación, el brillo de la atmósfera fría y húmeda.
4) ¿Qué equipo (grabadora, micrófonos, accesorios…) utilizas para realizar tus grabaciones de campo?
La principal equipación para la grabación de campo es una infinita paciencia, la capacidad de aburrirse con gusto a la espera de que pase algo.
En cuestiones técnicas, las limitaciones son tan grandes –vientos, distancias excesivas, ruidos indeseados- que es preciso contar con un equipo de la máxima sensibilidad para no perder los detalles que enriquecen un paisaje. Mi grabador actual es un Aaton Cantar X, multicanal de disco duro y con unos previos excelentes. La microfonía cubre una amplia gama: radiomicros digitales Zaxcom con cápsulas Sanken Cos para grabaciones en localizaciones muy concretas, muy próximas y donde no es tolerada ninguna presencia; micrófonos cardioides Neumann KM140 y 150 para ambientes abiertos y voces; micros de cañón cortos e hiperdireccionales (Sennheiser MKH416 y MKH70) para sonidos a media distancia, y un micrófono de parábola Telinga III Pro para voces más lejanas, un auténtico teleobjetivo, aunque con serias limitaciones en el registro de las frecuencias más graves. Todos ellos por parejas, ya que prácticamente siempre hago grabaciones estereofónicas en configuración XY.
Para grabaciones surround utilizo un micrófono Sanken WMS5, con cinco salidas.
Estoy empezando a experimentar con un transductor heterodino de ultrasonidos SSF BAT2 para murciélagos –todo un mundo, muy difícil de interpretar- y un hidrófono Aquarianaudio H2a para grabaciones submarinas.
5) ¿Qué equipo y software utilizas en tu estudio para editar los audios de tus grabaciones?
Siempre he utilizado ProTools HD en el estudio, con monitores Dynaudio BM5 y una configuración surround. También, en el campo, ProTools LE con MBox conectada a un ordenador portátil.
6) ¿Utilizas tus grabaciones de campo para realizar composiciones sonoras y/o musicales?
Disfruto con la música en una medida inversamente proporcional a mi capacidad para interpretarla; ni hablo de componerla. El músico inventa un sonido, yo me limito a registrarlo y recombinarlo en función de un objetivo, que puede ser el complemento de una narración visual -la banda sonora de una película o un documental-, o alguna forma de narración sonora en estado puro, como las que indiqué algo más arriba.
¿Puedes explicar brevemente como lo haces?
Cada aplicación –cine, performance acústica, audioblog, discos con paisajes sonoros, guías, etc- requiere un planteamiento distinto. Los tiempos, los ritmos, la complejidad del montaje, son diferentes. Así, en una sala a oscuras, donde los oyentes van predispuestos a paladear una atmósfera sonora, el tempo narrativo puede ser más o menos pausado, a discreción, y el silencio un elemento fundamental. Por el contrario, salvo que te llames John Cage, un silencio de unos pocos segundos es inadmisible en la radio, ya que la mayoría de los oyentes pensarían en una interrupción. Y no digamos si el que escucha tiene un ratón en la mano…
En cualquier caso, para mí lo principal es un conocimiento previo del espacio que quiero contar. Nunca empiezo a grabar en un lugar hasta no haberlo paladeado a fondo, escuchado sus matices, las reverberaciones, los detalles acústicos que lo colorean; y esto vale tanto para un paisaje sonoro natural como para otro artificial.
Y después, tras registrar lo que me interesa, paso a la reconstrucción en el estudio por medio del montaje. Siempre hay que tener en cuenta que un micrófono es un sistema de escucha mucho más neutral que el oído. El nombre de esta página da una idea de lo que quiero decir: la escucha es atenta, es decir, selectiva; la mente amplifica, presta atención a unas vibraciones, en detrimento de otras. Y la sensación que extraemos de ese proceso sensorial es muy subjetiva.
El micrófono no hace tal cosa; o lo hace en mucha menor medida, en función de su direccionalidad y, sobre todo, del lugar donde lo coloquemos. Ocurre muy a menudo que al llegar al estudio me siento defraudado porque lo que escucho allí está muy lejos de las sensaciones que tuve durante la toma en directo: las presencias, las proporciones entre niveles no son los mismos; y hasta aparecen elementos que ni siquiera capté. El proceso técnico de selección, ecualización, compresión, reducción de ruidos, etc…, todos los gadgets de que disponemos, no hace más que intentar reconstruir laboriosamente lo que mi oído captó en un instante pero mis instrumentos fueron incapaces de retener. Por eso es tan importante pararse a escuchar antes de empezar a grabar.
Sólo hay un recurso que procuro usar lo menos posible, la reverberación, ya que me esfuerzo mucho en obtener la natural en la grabación original.
7) ¿Qué proyectos personales o en colaboración tienes que estén relacionados con la fonografía?
En el campo profesional las cosas siguen, aunque con muchas complicaciones: no están los tiempos para la lírica.
De manera particular, ya lo dije antes, acabo de lanzar un blog en el que pretendo ir volcando, geolocalizando en el mapa, las experiencias que he ido acumulando a lo largo de un viaje por el sonido del mundo que ya empieza a ser largo. Ha llegado el momento de la recapitulación.
8) ¿Tienes algún comentario que quieras añadir?
No quiero parecer el abuelo pesado, pero cuando empecé a grabar paisajes sonoros, hace bastantes años, aquí éramos unos pocos; yo diría que dos o tres. Los nuevos medios técnicos y la libertad creativa que llevan aparejada han abierto la puerta a cientos de personas. Ya tenía yo ganas de encontrar algunos colegas.
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La bobina sonora
Carlos de Hita durante el rodaje de -Historias de la montaña de la bruma-
LABOBINASONORA: Carlos, ya mas de 25 años como técnico de sonido dedicado a la divulgación de los sonidos que rodean a la naturaleza. Y también, por extensión, aplicando tu maravilloso arte dentro de la industria cinematográfica y audiovisual de nuestro país. Si echas la vista y el oído hacia atrás, ¿que balance extraes de tu carrera?.
CARLOS DE HITA: En lo personal, me sigue pareciendo increíble que lo que empezó como una afición un poco excéntrica sea todavía una forma de vida. Una mezcla de suerte, tenacidad y la confianza de algunas personas; muy pocas: Joaquín Araújo, Iñaki Gabilondo, José María Morales, Gerardo Olivares, Larry Levene y alguno más.
Cine y documentales aparte, si tuviera que resumir lo que ha sido el resto de mi actividad profesional diría, créeme que con modestia, que he podido ampliar un espacio de trabajo que casi no existía y en el que no había casi nadie. Me acuerdo cuando de todo esto sólo podía hablar con mi colega Eloísa Matheu, otra resistente.
LBS: ¿Que te motivó e influenció en un primer instante, para dedicar tu vida a este ARTE?, ¿cómo recuerdas tus primeros inicios?.
CDH: Llegué al sonido a través de la observación de las aves. Casi todos mis amigos eran fotógrafos naturalistas, pero a mí no se me daba bien. Por eso, cuando tuve oportunidad, empecé a grabar los pájaros que venía observando desde chaval. Y de los cantos de los pájaros, los anfibios y los insectos, pasé a los sonidos del paisaje, a los del paisanaje, las actividades tradicionales y todo lo demás.
LBS: Carlos… ¿Cómo entraste en contacto con la industria cinematográfica y audiovisual; quién te dio la primera oportunidad de poder trabajar en ella?.
CDH: Entré en el documental de la naturaleza antes incluso de dedicarme al sonido. Fue en el año 86, cuando formaba parte del equipo de naturalistas de una serie de documentales para TVE que se llamó Silencio Roto -un título que años después volvería en otro contexto, por cierto-. Nos dedicábamos a localizar dónde y qué había que rodar: nidos, aguardos, pasos de animales silvestres, etc. Cuando ya sólo quedaban unos días de rodaje, después de once meses en el campo, nos quedamos sin sonidista y el director de la serie, Joaquín Araújo, me invitó a probar con un Nagra IV y un micrófono de cañón, un Sennheiser 816. No sabía ni enhebrar la cinta, pero sí acercarme con sigilo a los animales. Recuerdo que, por pura suerte, cuando giré el mando del Nagra por primera vez bramó un ciervo, en el eje del micrófono. Desde entonces no he faltado casi ningún año a la cita con la berrea de los ciervos, entre septiembre y octubre.
Aquello fue más un juego que otra cosa; no sé si en postproducción llegó siquiera a usarse alguna de esas grabaciones, pero a mí me entró la afición y casi enseguida empecé a grabar sonido para otros documentales; en aquella primera época siempre con Araújo.
Carlos de Hita en pleno registro de una ballena franca austral para -El faro de las Orcas-.
LBS: Te has forjado una gran y reputada carrera como sonidista y montador de sonido, en sobremanera, dentro del género documental naturalista y también en numerosos largometrajes, entre los que destaca la bella y magnífica –Entre Lobos- de Gerardo Olivares -2011-, de la que hablaremos un poco mas adelante. Pero… ¿Cómo es Carlos de Hita cuando se prepara para realizar el sonido en localización y posterior montaje de sonido (si te haces cargo también) de un documental o un largometraje?, ¿cuál es tu método y filosofía de trabajo?.
CDH: Como principio, y siempre que sea posible, procuro escuchar antes de grabar, conocer cómo y a qué suena una atmósfera, identificar sus elementos, y sólo entonces empezar a registrarlos. Y siempre que pueda, si en la toma no hay diálogos o elementos que requieran sincronía, merodear libremente, alrededor de la posición de cámara o un poco más allá.
Naturalmente esto vale para los documentales, no tanto para los largos. Unos y otros son mundos muy distintos. Creo que, diálogos aparte, la banda sonora de una película se cocina en la postproducción, mientras que en un documental es más relevante la grabación in situ. Haga yo el montaje o no, a mí me gusta inundar la sala de montaje de efectos sonoros grabados en la localización. En una película tienes que buscar horas o días al margen del rodaje para grabar esos wildtracks; en un documental, al menos del tipo en los que yo suelo participar, ese trabajo nos lo tomamos como parte del rodaje, simultáneamente. Si puedo y me lo permiten, me gusta merodear cerca de la posición elegida para captar todos los elementos que puedan describir la situación, y acompañar después cada plano de cámara con un conjunto de efectos que permitan reconstruir ese mismo plano sonoro. Las posiciones, las distancias y los requerimientos de imagen y sonido son tan diferentes, sobre todo en rodajes con animales silvestres o en el paisaje, que merece la pena olvidarse de la sincronía y trabajar por separado: a la vista pero separados. Esto produce a menudo roces con los compañeros de cámara, a quienes no les gusta nada tener una figura que deambula por ahí; pero es un riesgo que merece la pena correr.
En un documental me verás pocas veces mandando sonido a cámara.
En rodajes con animales silvestres este planteamiento es aún más necesario. La distancia, la situación, los ruidos incontrolables, son elementos que obligan a cada uno a buscar el mejor emplazamiento, siempre más cerca para el sonido. Sin importar factores como la niebla, o la oscuridad, pero mucho más condicionado que la cámara por factores como el ruido externo, viento, lluvias y demás. La pérdida de sincronía obliga a un trabajo fino después en el estudio, pero es la única forma de sacar un buen resultado.
LBS: Como bien sabes los tiempos en el mundo del cine son muy ajustados, fácilmente alterables en cada día de rodaje, y para un naturalista sonoro, acostumbrado a la paciencia, al análisis… a esperar el momento justo para obtener el objetivo sonoro deseado. Esto debe de suponer un cambio bastante drástico en los roles y protocolos de producción….
CDH: Rodar es sufrir, que dijo el otro. Hay que buscar esos momentos, robar tiempo a los días de descanso, volver allí a solas. El trabajo de un sonidista de campo tiene que ser solitario y paciente. Por eso sí, se pasa mal.
LBS: Carlos ¿Te adaptas fácilmente a este cambio de ritmos entre los tipos de trabajos que realizas, son complementarios?
CDH: Más que adaptarme, me resigno. No me gustan las prisas trabajando. No puedes hacer nada por acelerar la emisión de sonidos en un paisaje, ya sean rugidos, trinos o campanadas. La paciencia es el principio básico. Eso también vale para grabar dentro de una comunidad humana; tienes que desaparecer, confundirte con la gente; y eso sólo se consigue con tiempo. Y cuando se trabaja en equipo hay que buscar esa complementariedad. Sea como sea y casi siempre a costa de tu descanso. O tener la suerte de trabajar con directores y productores que entienden esto y facilitan días suplementarios. En este sentido yo he tenido bastante suerte.
LBS:: Y añado también. ¿Quizás el detalle, el estudio, que realizas cuando haces trabajos documentalísticos y artísticos fuera del ámbito cinematográfico te lleva a preparar y concentrarte mucho mas en la pre-producción para afrontar con plenas garantías técnicas y creativas un documental o un largometraje ?.
CDH: Sin duda. Es una actitud permanente, la de estar escuchando, buscando ecos y reverberaciones naturales para capturarlos, viendo todos los componentes de la imagen sonora. El resultado de muchas horas de escucha, a solas, en el campo.
En pleno desierto del Teneré durante el rodaje de -14 kilómetros-.
LBS: A lo largo de tu larga trayectoria has vivido, por decirlo de alguna manera, la eclosión del sonido para cine en España. Teniendo en los principios de los 90 un verdadero punto de inflexión en gran parte debido a una cambio tecnológico y a un mayor cuidado de la banda de sonido, tanto desde la captación hasta los procesos de post-producción. Tambien empezando por la mentalidad de los nuevos directores que salían por aquella época, con otra visión y sensibilidad distinta con respecto a la grabación y creación de los mundos sonoros en sus películas.
Carlos, ¿cómo viviste desde tu trabajo esos momentos de cambio tecnológico y estético?. ¿Crees que ahora se respeta mucho mas la figura del sonidista gracias a aquellos directores y su sensibilidad hacia este?..
CDH: Por desgracia, no lo creo. El sonido en localización siempre ha sido un elemento que estorba. Pero voy por partes.
En realidad, yo sólo he trabajado en siete u ocho películas, y quizá me han llamado porque todas ellas transcurrían en grandes exteriores, donde el paisaje, la atmósfera sonora era parte esencial.
En el ámbito del sonido por sí solo –instalaciones artísticas, radio, audioblog, colecciones de CDs de paisajes sonoros, guías de identificación de cantos de aves, etc-, es evidente que el desarrollo tecnológico ha permitido acceder a una sola persona a la postproducción total, el arte final que se decía antes. Y con una calidad y unos recursos insospechados no hace mucho. Y eso abre muchos espacios, en los medios de comunicación, en las salas de arte, los centros culturales, etc. En mi caso, recuerdo como determinante la compra de mi primera estación de audio digital, una Sonic Solutions, allá por el año 93. Hoy día parece una reliquia, pero por entonces me abrió un mundo, la posibilidad de editar mis propios trabajos.
En el documental, paradójicamente y por desgracia, creo que la situación ha ido a peor. La confianza de realizadores y productores en las bondades del sonido de cámara roza en la ignorancia. Y su fe en los recursos de la post-producción –“eso se arregla en la postpo”-, ilimitada. La proliferación de canales de televisión, con el reparto del dinero disponible para producir, tampoco ha ayudado. Hoy día coexisten los grandes documentales, pocos pero con todos los medios técnicos, con los programas grabados de prisa y corriendo, cámara en mano y con un sonido chapucero. Y como funcionan, los directores no ven necesidad de pedir más. A eso lo llaman frescura.
LBS: ¿Cómo suele ser tu relación con los directores con los que trabajas?, ¿intentas acercarlos a la grabación y creación de tus diseños/paisajes sonoros, o por el contrario prefieres una mayor independencia a la hora de trabajar?
CHD: Por suerte, suelo trabajar con amigos. Mi relación con ellos se basa en la confianza total. Ellos me suelen dejar organizar las cosas con toda libertad y a cambio yo me esfuerzo por desmenuzar la componente sonora de lo que están rodando. Insisto, siempre dejando aparte sonidos sincrónicos con imagen.
El problema viene en el montaje. Creo que el sueño de todos nosotros sería que el montador aceptase estirar un plano, ralentizar una secuencia, someter el ritmo del montaje al desarrollo narrativo, dramático del sonido. Y eso pasa pocas veces, me temo.
LBS: Carlos trabajas tanto en el género documental como el de ficción. Particularmente.. ¿En cual te encuentras mas a gusto realizando tu trabajo?
CHD: Por todo lo dicho, adivinarás que, sin duda, en el documental. Es ahí donde se encuentra a gusto un cazador de sonidos.
LBS: Si hablamos de tecnología, Carlos; ¿Que equipación técnica relativa a grabadores, microfonía, sistemas de edición y montaje etc…, sueles utilizar cuando realizas trabajos dentro del mundo cinematográfico?. ¿Existe mucha diferencia o cambios con respecto al equipo técnico que utilizas para otro tipo de trabajos?.
CHD: El equipo es básicamente el mismo, salvo algunos elementos. Utilizo un grabador -¿se sigue llamando magnetofón, aunque sea en disco duro?- Aaton Cantar, del que no hay nada nuevo que decir en cuanto a calidad y robustez; es un equipo perfecto tanto para un set con moqueta como para arrastrase por el barro. Igualmente, tanto para colocárselo a un actor como para esconderlo en un nido de águilas, utilizo radiomicros Zaxcom de transmisión digital, con cápsulas Sanken Cos. Y después la gama Sennheiser, desde los hipercardioides MKH70 al MKH30 en figura de ocho, pasando por los 40 y, cómo no, los416 y 418. Para voces, ambientes, aguas y vientos, en momentos sutiles, me gustan mucho los Neumann KM140, un par de cardioides.
Los únicos equipos realmente específicos para el trabajo de campo, con animales silvestres, son los micrófonos montados en reflectores parabólicos. En la naturaleza los animales suelen estar demasiado lejos, son muy huidizos y no siempre hay tiempo, o se tiene la suerte de que vocalicen a una buena distancia. El micrófono de parábola es un auténtico teleobjetivo, sobre todo si se emplean micrófonos cardioides. Pero tiene el problema de una mala respuesta en graves –la parábola deja de funcionar para longitudes de onda superiores a la distancia focal, por lo que cuanto más grandes, mejor, pero también más aparatosas. Y amplificar el sonido no significa modificar el valor de plano; un grito lejano sonará fuerte, pero no tendrá una presencia más próxima.
Yo utilizo una parábola Telinga III Pro, fabricada por unos ornitólogos suecos; y también otra mayor, de 60 cm de diámetro, de la marca Big Ear.
Estoy experimentando con grabaciones multipistas, con una parábola en el canal central y dos micros de cañón abiertos a derecha e izquierda; la primera me da presencia y los otros un buen ambiente. Pero no siempre es fácil moverse por el campo con semejante despliegue y pasar desapercibido.
También son bastante específicos para grabar animales un hidrófono, con el que me estrené hace poco grabando los gemidos neumáticos de las ballenas bajo el agua, y un transductor heterodino de ultrasonidos, para convertir los ultrasonidos de ecolocación de los murciélagos a frecuencias audibles.
Para grabar ambientes envolventes, fondos sobre los que después colocar en edición otros sonidos, tengo un Sanken MS5, un micrófono surround basado en dos cápsulas MS. No sé si fue una buena elección. La imagen sonora no es muy buena, aparece como difuminada por todo el espacio, sin una buena focalización. Y además, como todos los sistemas MS, da muchos problemas de cancelaciones y desfases cuando se trabaja con cualquier sistema de codificación surround.
En el estudio trabajo con ProTools HD y monitores Dynaudio. Aquí, salvo para mis trabajos para radio, audioblogs, instalaciones y cosas por el estilo, sólo hago la edición. Como es lógico, las mezclas siempre las llevo fuera, con quienes saben hacerlo.
En su estudio, delante de su estación de trabajo Pro-Tools HD.
LBS: Como ya citamos anteriormente, en el año 2009 te encargaste del sonido en producción y el posterior montaje de sonido del drama –Entre Lobos-, del director Gerardo Olivares.
La historia, basada en hechos reales, narraba la vida de Marcos Rodríguez Pantoja, el cual fue vendido por su padre a un pastor, y al desaparecer este cierto día y quedarse solo, empezó a convivir con los lobos que había encontrado en una cueva. ¿Cómo surgió la posibilidad de realizar aquel maravilloso trabajo y como fueron tus primeros contactos con el Director de la misma Gerardo Olivares?
CHD: Bueno, Gerardo Olivares y yo somos amigos desde hace más de veinte años. Ya se sabe, el trabajo y los viajes hacen el cariño. Antes de pasarse a la ficción Gerardo había rodado muchos documentales por todo el planeta, y yo solía hacer el montaje de sonido. Después empecé a viajar con él como técnico de sonido directo, por lo que al hacer su primera película, -La Gran Final-, Gerardo se llevó a su equipo habitual en documentales. Después vino la segunda película, -14 kilómetros-, y la tercera, -Entre lobos-, donde la presencia de alguien con conocimientos de sonido de la naturaleza sí parecía más justificada.
LBS: El rodaje de –Entre Lobos- creo recordar que estuvo salpicado un poco por la mala fortuna en cuanto a las condiciones meteorológicas que se dieron en el sitio del rodaje – El Parque natural de Cardeña/Montoro-. ¿Qué recuerdas de los días de rodaje de –Entre Lobos- fueron tan dificultosos como de preveían a causa de este y otros factores? y ¿qué otras particularidades sonoras recuerdas y destacas dentro del parque natural de Cardeña/Montoro?.
CHD: Quienes lo pasaron francamente mal fueron los maquinistas, instalando travellings y grúas por esos montes.
Cuando se rueda en exteriores, y más en primavera, el tiempo siempre es un factor de incertidumbre. Además la película se rodó con dos equipos, uno de naturaleza y otro de ficción. Con el primero pasamos bastante tiempo en el campo, en muchas fases y a lo largo de todo un año. El equipo convencional, para la ficción, se reunió en tres tandas a lo largo de los años 2009 y 2010. Y, como recordarás, esos fueron años extremadamente lluviosos, sobre todo en el sur de España. Para dar una idea, hubo laderas de montañas enteras, por donde había que pasar para ir a determinadas localizaciones, que desaparecieron por deslizamientos hacia el fondo de los valles.
Para el sonido esto tuvo consecuencias imprevistas. Después de tanta lluvia, el campo esos años estaba espléndido; en las charcas croaban miles de ranas, en las hierbas zumbaban millones de abejas y los campos, por la noche, eran un auténtico concierto de grillos pletóricos. Todo muy bonito, pero realmente una dificultad añadida para la toma de diálogos. Sobre todo cuando la acción transcurría, por ejemplo, en días de invierno, con nieve artificial y un espléndido concierto primaveral de fondo. Llegamos incluso a tener equipos de gente preparados para apedrear las charcas en el momento de empezar cada toma para que se callaran las ranas. Ya sabes, el ayudante de dirección gritando aquello de “¡motor, sonido, cuadro, ranas, acción!”.
Por otra parte, el acabar las tomas, el campo estaba lleno de recursos sonoros para coleccionar y componer después la banda sonora.
-Entre Lobos- de Gerardo Olivares.
LBS: Si tenemos que señalar el leitmotiv sonoro de la historia, obviamente destacamos a los lobos, la relación de estos con Marcos y el contexto sonoro que rodea a ambos como es del Parque Natural. ¿Cómo planificaste y preparaste tu trabajo sonoro con los lobos y con la figura de Marcos Pantoja dentro del entorno del Parque Natural?
CHD: Efectivamente, en -Entre lobos- hay tres capas de sonido, música aparte. La grabación de los elementos del paisaje forman parte de mi especialidad, por lo que no hubo más dificultades que las habituales. Pero los lobos eran personajes de la película, y como tal había que tratarlos. Trabajábamos con una manada de lobos controlados, por lo que hubo que hacer un plan de trabajo para conseguir el máximo de vocalizaciones del repertorio lobuno. Se trata de animales muy sociables, con un lenguaje muy elaborado. Con su cuidador, mi amigo Pepe España, auténtico lobo alfa de la manada, pasamos muchas horas, antes del amanecer para evitar grillos, ranas, tráfico y demás interferencias, grabando gruñidos, ladridos, lamentos, amenazas y aullidos. Lo que en biología se llama un etograma, un repertorio completo de vocalizaciones.
Los lobos estaban controlados, pero no dejaban de ser lobos. La pértiga era imprescindible para acercarle un micrófono a la boca a un bicho enfadado. Y el boom con peluche lo más parecido a un conejo, por lo que hubo que arreglar los desperfectos de algunas dentelladas.
Como anécdota curiosa, a un macho especialmente tranquilo, Ossian, un viejo amigo, le pusimos un radio-micrófono en un collar para grabar jadeos, suspiros y cosas así. Funcionó bien hasta que se metió en un charco. El micro era barato.
Nuestra idea era caracterizar a cada lobo por su voz, cosa que sucede en la vida salvaje. Pero el ritmo del montaje de imagen no nos permitió desarrollar después esos detalles.
Por último, yo estaba empeñado en que algunos de los aullidos de la película fueran de lobos silvestres, más profundos y desgarrados que los de ejemplares controlados. Por eso, en Sierra Morena resuenan un par de veces las llamadas de una manada de lobos de la Meseta castellana. Caprichos de un naturalista metido a técnico de sonido.
LBS: ¿Cómo fueron los procesos de post-producción?, ¿los recuerdas complejos?.
CHD: En realidad yo hice todas las grabaciones, diálogos, vocalizaciones de los lobos, paisajes sonoros y demás situaciones. El montaje de sonido es obra de Juan Ferro; yo estuve todo el tiempo sentado junto a él, con un disco duro cargado con miles de sonidos y sugiriendo cómo sonaría el campo en cada uno de los planos de la película, y qué efectos podrían servir. Pero quien ordenó, procesó y, en definitiva, transformó el sonido embarullado del campo en una banda sonora cinematográfica, cargada de intención narrativa, fue Juan, complementado después, en la mezcla, por Nicolás de Poulpiquet.
Mi admiración por ellos es enorme. La naturalidad con que suena la banda de sonido, compuesta con las voces de más de noventa especies de aves, innumerables insectos con todos los timbres y colores, todos los sonidos del campo, se debe a su extraordinaria capacidad para exprimir los recursos del estudio de sonido. Creo que en -Entre lobos- el sonido del campo está tan cargado de intención dramática como la música. Si no más.
LBS: Estas dentro de las listas de las candidatas a las finales para a pelear por el Goya 2013 al mejor sonido por tu trabajo en WILAYA junto a Juan Ferro. ¿Háblanos un poco de lo que nos podemos encontrar dentro del mundo sonoro de esta sencilla y bella historia ambientadas en los campamentos Saharauis?
CHD: Cuando trabajas con Juan Ferro es imposible que el resultado sea malo. Yo conocía de otras veces los campos de refugiados saharauis, donde me había llamado la atención lo descriptivas que son sus atmósferas sonoras. Allí hay poco tráfico, aunque creciendo. Y la vida se hace en jaimas, en tiendas de lona. Acústicamente hablando, las wilayas son transparentes. Es fácil, por tanto, construir una geografía sonora, o seguir de oídas el paso del tiempo. A tal hora salen los niños de los colegios, la vecina enciende la radio, el almuédano llama a la oración, los camellos tienen hambre… Y el viento sacudiendo las lonas a todas horas. En estas wilayas los sonidos llegan desde la distancia con una textura, una calidez inmediata.
Precisamente, en determinada secuencia hubo que insertar la imagen de un camello para justificar los gruñidos que se colaban en las tomas de un diálogo.
De Hita subido a un camión cruzando el desierto del Teneré. Durante el rodaje de -La Gran Final-.
LBS: Carlos, dentro de tu ya larga carrera habrás tenido mil y una anécdotas dignas de mención. ¿Podrías contarnos alguna, en especial que te haya sucedido dentro de un rodaje?
CHD: Supongo que a pocos colegas les habrá mordido el micrófono un lobo. O habrán tenido que huir de un elefante marino en celo. Pero quizá el mayor susto me lo haya dado un cocodrilo de unos cinco metros –no me paré a medirlo-, cuando lanzó un profundo bufido de amenaza a mis espaldas, seguido de fuertes sacudidas con la cola en el agua. Tuve la sangre fría –mi mujer lo llama de otra forma- de esperar a que repitiera el grito, para orientar el micro, antes de salir huyendo. La grabación es magnífica.
LBS: Y para finalizar. ¿Qué consejo les darías a todos los maravillosos locos que quieren dedicar su vida al ARTE de la creación y tratamiento del sonido para cine en nuestro país?
CHD: Para mi la grabación de sonido es un ejercicio total de libertad. Estoy donde quiero, a la expectativa, en tensión, el tiempo que considero necesario. Creo que es un camino que merece la pena seguir
LBS: Muchas y especiales gracias Carlos, por tu amabilidad y atención hacia nosotros. Aprovechamos para felicitarte por tu magnífica carrera. Y también te deseamos mucha suerte en tus próximos proyectos los cuales seguiremos muy atentamente desde –LaBobinaSonora-.
oscardeavila@labobinasonora.net
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Tagesschau, en el informativo nocturno de la ARD, la televisión pública alemana.
La fauna ibérica llega a la gran pantalla de la mano de Guadalquivir
(Extracto de la reseña sobre la película Guadalquivir, publicado en el periódico El Mundo, el día 11 de noviembre de 2013).
…No obstante, aunque aquella secuencia ha pasado a la historia de las filmaciones de naturaleza, la calidad de la imagen no es ni comparable a lo que ofrece la tecnología en el nuevo documental de Gutiérrez Acha. Y lo mismo ocurre con el sonido. «Guadalquivir es el primer documental del mundo grabado con sonido Dolby Atmos», explica Carlos de Hita, responsable del sonido en el largometraje. Esta tecnología, que se usa sobre todo para grandes producciones en 3D y para la que sólo hay alrededor de una decena de salas preparadas en toda España, permite un sonido envolvente que rodea al espectador y le incluye dentro de cada escena. Y cuando realmente llama la atenciónno es en los grandes griteríos de los buitres o en las peleas de los ciervos durante la berrea, sino en las escenas de mayor sutileza, en las nevadas silenciosas o en la cotidianidad de las marismas.
Los protagonistas son casi siempre grandes aves, como las garzas reales o las cigüeñas negras, o mamíferos como el zorro o el venado. Pero la atmósfera de insectos y cantos de fondo que crea Guadalquivir traslada de inmediato a las orillas del río. «En todo el largometraje hay sonidos de 118 especies de vertebrados», cuenta De Hita. «Si contamos también los insectos son una barbaridad de especies».
Según cuentan los sonidistas, aunque viendo la película parece increíble, en todo el documental no hay una sola escena que tenga sonido directo, todo es grabado de forma independiente a la imagen y montado después en el estudio. «En cada plano hay una media de 15 sonidos naturales, sin contar con la música», dice Carlos de Hita. La cuadratura del círculo llega cuando la narradora, Estrella Morente, se arranca a cantar el poema de Antonio Machado Al río Guadalquivir: «¡Oh Guadalquivir! / Te vi en Cazorla nacer; hoy, en Sanlúcar morir».
Ver el artículo completo en http://www.elmundo.es/ciencia/2013/11/10/527d3cdc68434181798b457a.html
Entrevista en el programa La Ventana, Cadena SER, con Carles Francino. Sobre la concesión del Premio de la Fundación BBVA a la Difusión del Conocimiento para la Sensibilización y Conservación de la Biodiversidad en España 2016.
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