{"id":1412,"date":"2020-12-31T14:45:01","date_gmt":"2020-12-31T14:45:01","guid":{"rendered":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1412"},"modified":"2020-12-31T14:45:01","modified_gmt":"2020-12-31T14:45:01","slug":"miguel-delibes-y-el-senor-antiloquio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1412","title":{"rendered":"Miguel Delibes y el Se\u00f1or Antiloquio"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-embed-youtube wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"Miguel Delibes y el Sr. Antiloquio\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/FKHzX69ivoc?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Las voces de la naturaleza en una obra literaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>La luz ensanchaba y el perdig\u00f3n llenaba el campo con su c\u00e1ntico ardiente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;y persuasivo. De la parte del monte son\u00f3 una respuesta remota.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-\u00bfOye? El campo ya contesta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Miguel Delibes, El Hereje<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las voces de la naturaleza resuenan en la obra de Miguel Delibes. El sonido por escrito es un recurso frecuente, para describir la acci\u00f3n -los cantos de las aves, las campanas y dem\u00e1s elementos del campo-, pero tambi\u00e9n como base para crear la tensi\u00f3n narrativa. As\u00ed, en ocasiones nos describe pormenorizadamente el vocabulario de las aves \u2013las perdices que ajean, corechean y cuchich\u00edan expresivamente, seg\u00fan el momento-. Pero en otras p\u00e1ginas los sonidos son el aut\u00e9ntico tel\u00f3n de fondo contra el que se desarrolla la trama narrativa. Como la ominosa estridencia de los grillos, por ejemplo, que acuchillan el silencio y destrozan los nervios de los personajes de Las Ratas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>E<\/em><em>l canto de los grillos se hac\u00eda en la cuenca un verdadero clamor. Era como un alarido m\u00faltiple y obstinado que imprim\u00eda a los sembrados, al leve cauce del arroyo, a las m\u00edseras barracas de barro y paja, a los hoscos tesos que festoneaban el horizonte, una suerte de nerviosa vibraci\u00f3n que se ensanchaba en ondas crecientes, como una marea, en los crep\u00fasculos, para amainar en las horas centrales del d\u00eda o de la noche.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El estruendo de un nublado, calificado de wagneriano, rellena todo el relato de una jornada en el r\u00edo, mientras el autor intenta, en vano, pescar unas que truchas no est\u00e1n por la labor:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En las alturas hace rato que se est\u00e1 cociendo un nublado. Ahora s\u00ed. El nubazo viene por derecho, entre dos crestas g\u00f3ticas, y yo me apresuro a calzarme el chubasquero. Los rel\u00e1mpagos son viv\u00edsimos y los truenos, casi sin transici\u00f3n -la nube est\u00e1 encima- explosiones dislocadas, como tableteos de ametralladora a todo volumen (\u2026). En torno, una sucesi\u00f3n ininterrumpida de exhalaciones viv\u00edsimas, rayos y centellas, con un fondo horr\u00edsono de truenos astillados, como si el anfiteatro de farallones que me rodea se derrumbara de pronto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El que, quiz\u00e1, sea su personaje literario m\u00e1s conocido, el Azar\u00edas de Los santos inocentes, habla con mimo a su Milana, la primera, el gran b\u00faho real. Y como se debe hacer cuando se habla con b\u00faho, un animal que ve de o\u00eddas, el r\u00fastico Azar\u00edas le describe el monte en t\u00e9rminos sonoros:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8230;y escuchaba los sonidos de la sierra, el ladrido \u00e1spero y triste de la zorra en celo o el bramido de los venados del Coto de Santa Angela, apare\u00e1ndose tambi\u00e9n, y, de cuando en cuando , le dec\u00eda,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la zorra anda alta, milana, \u00bfoyes?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A veces, en cambio, Delibes escribe sutiles descripciones impresionistas en las que las palabras convierten un paisaje literario en im\u00e1genes sonoras y estas, a su vez, crean transparencias:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Castilla hiberniza, \u00e1rida y desolada, se dulcifica con la lluvia. Se dir\u00eda que el agua la lava, la peina, pule sus aristas, la matiza para convertirla en un inmenso tapiz ondulado de diferentes tonalidades de ocre (\u2026). La transparencia del aire es de una pureza irreal y el ambiente tan quedo, que los peque\u00f1os ruidos de la llanura (el ladrido de un perro, el graznido de un cuervo) se transmiten desde lugares remotos, sorprenden por su calidez inmediata.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Se\u00f1or Antiloquio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para ilustrar estos relatos naturalistas donde \u201cel agua suena\u201d, he elegido algunos fragmentos de un texto poco conocido en el que Miguel Delibes charla con el Se\u00f1or Antiloquio, un barquero de la laguna del Taray, en el coraz\u00f3n de la entonces llamada Mancha H\u00fameda, para quien \u201cni el r\u00edo ni la laguna tienen secretos\u201d. Un amanecer de aquellos a\u00f1os felices en los que por estas tierras anegadizas se desparramaba el agua. El paseo tiene lugar en marzo, cuando \u201ca\u00fan no se ha quebrado el letargo invernal, y bajo las estrellas friolentas, reflejadas en el agua\u201d, ambos charlan sobre las aves acu\u00e1ticas, sus voces y costumbres: \u201cel t\u00edmido<em> squic <\/em>de la focha o el graznido ronco del porr\u00f3n com\u00fan\u201d, el estent\u00f3reo \u201c<em>-\u00a1Gaa-onc!\u00a1Gag-gag! <\/em>de los gansos\u2013\u201c\u00a1qu\u00e9 han de ser!\u201d-o el&nbsp;\u201c<em>tiu-bob\u00f3<\/em> del archibebe\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Navega la barca, \u201cde quilla buida y fondo plano\u201d, se desliza en silencio sobre las tablas, la proa, al abrir su camino, produce un leve chapoteo sedante. Lo mismo que las gotas escurren de la p\u00e9rtiga cada vez que el se\u00f1or Antiloquio la saca del agua. El silencio de la hora previa al alba es profundo, \u201ct\u00edmidamente punteado de cuando en cuando por las fochas impacientes\u201d. A veces, al doblar una masa de carrizos la barca asoma la proa y \u201caboca a un lucio, dilatado como la mar. Se oye el revuelo de una punta de aves que se ponen en movimiento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Delibes pasear en barca entre islotes de carrizos y espada\u00f1as, es agarrar la paz con la mano, pese a que \u201cel despertar de la laguna tiene algo del despertar del patio de vecindad. Aun as\u00ed, a ratos sucede un gran silencio, durante el cual el rabudo silba, el porr\u00f3n grazna, la garza trompetea, la gaviota r\u00ede, el avetoro muge, el archibebe modula, de tal modo que la laguna se transforma en una inmensa sala de conciertos\u201d. Para Delibes, el silencio no es la ausencia de sonido, sino el sosiego.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta selecci\u00f3n de momentos en la laguna se ha construido un relato sonoro, algo as\u00ed como un paisaje sonoro en el que las aves, la barca y el agua suenan al dictado del texto. La selecci\u00f3n de fragmentos es intencionada: la jornada lo fue de caza de aves acu\u00e1ticas. Y aunque a m\u00ed me habr\u00eda gustado que ese d\u00eda -y otros muchos- los disparos no hubieran rasgado la paz de la ma\u00f1ana, creo que merece la pena escuchar c\u00f3mo la literatura, como el agua, tambi\u00e9n suena.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Con textos de los libros Mis amigas las truchas, Las ratas, Los santos inocentes, El hereje, El \u00faltimo coto y La naturaleza amenazada, todos ellos de Ediciones Destino.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las voces de la naturaleza en una obra literaria La luz ensanchaba y el perdig\u00f3n llenaba el campo con su c\u00e1ntico ardiente &nbsp;y persuasivo. De la parte del monte son\u00f3 una respuesta remota. -\u00bfOye? El campo ya contesta. 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