{"id":1292,"date":"2019-01-20T19:39:20","date_gmt":"2019-01-20T19:39:20","guid":{"rendered":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1292"},"modified":"2019-01-20T19:39:46","modified_gmt":"2019-01-20T19:39:46","slug":"de-lobos-cumbias-y-silencios-rotos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1292","title":{"rendered":"De lobos, cumbias y silencios rotos."},"content":{"rendered":"<p>Ir a lobos es siempre una experiencia excitante. Aproximarse a una manada de lobos es pasear cerca del lado agreste de la naturaleza. M\u00e1s a\u00fan si lo que se pretende es grabar sus voces, para lo que se necesita estar muy cerca, contar con la suerte y hasta dir\u00eda con la complicidad de los lobos; o, al menos, con su indulgente permiso. Y con la gu\u00eda de alg\u00fan amigo experto. Ir a lobos es siempre una cuesti\u00f3n de amistad.<\/p>\n<p>Pero acercarse a un aulladero no es f\u00e1cil. Hay que dar largos rodeos, acercarse lentamente, adivinar la que ha de ser su posici\u00f3n final, esperar a que el viento no propague nuestros ruidos y olores hacia los o\u00eddos y los hocicos de los lobos. Hay que prever tambi\u00e9n bien cu\u00e1les ser\u00e1n las condiciones ac\u00fasticas y ambientales. Las salidas a lobos son crepusculares y nocturnas. La luz, su ausencia, no es problema; el sonido se propaga mejor en la atm\u00f3sfera fresca y h\u00fameda de la noche.<\/p>\n<p>Ven\u00eda de pasar unos d\u00edas viviendo con unos pastores en su majada de los Picos de Europa. Todas las noches, a horas diferentes, alg\u00fan animal \u2013lobo, zorro o furtivo- merodeaba en torno a la majada y entre los perros, el ganado y el pastor organizaban un estruendo suficiente para alejar a cualquier alma que llevara el diablo. Incluso una vez, en la alta noche, grab\u00e9 los aullidos de un lobo solitario, pero tan lejanos que ni los perros ni el ganado, mucho menos el pastor, consideraron oportuno ponerse en guardia.<\/p>\n<p>Por eso, para la siguiente intentona hemos elegido con cuidado el d\u00eda y el lugar. No dir\u00e9 ni cu\u00e1l ni d\u00f3nde, pero las condiciones son inmejorables. Durante toda la semana el tiempo ha estado revuelto, pero hoy, con la luna llena, la atm\u00f3sfera ha templado y no soplan ni una brisa. Acompa\u00f1o a mi gu\u00eda, de quien tampoco dir\u00e9 m\u00e1s. La manada de lobos est\u00e1 en su lugar de reuni\u00f3n, su aulladero. Los j\u00f3venes nacidos la pasada primavera no se han incorporado a\u00fan a las partidas de caza y al caer la tarde aguardan, m\u00e1s o menos por la misma zona, a que los adultos salgan a buscar comida. Es ah\u00ed, y entonces, cuando m\u00e1s probabilidades hay de que los l\u00edderes a\u00fallen espont\u00e1neamente y de que toda la manada responda.<\/p>\n<p>Para la experiencia hemos seleccionado una manada que vive, casi olvidada, en la cabecera de un valle pr\u00e1cticamente deshabitado, con un r\u00edo que por estas fechas, a comienzos del oto\u00f1o, corre con poco caudal, con poco ruido.<\/p>\n<p>Durante m\u00e1s de una hora sigo el camino trazado por mi amigo, ladera arriba por uno de los contrafuertes del valle principal, una subida tan pendiente que las pocas vacas con que nos cruzamos no precisan bajar el cuello para pastar. En lo alto, en el collado que sirve de balc\u00f3n sobre nuestro valle, los pastizales y tremedales son cortos y lo peor est\u00e1 por llegar. Para llegar a la arista de rocas que nos servir\u00e1 de oteadero debemos hacer una traves\u00eda de unos cientos de metros por un espeso brezal, salpicado aqu\u00ed y all\u00e1 por pedreras y achaparradas matas de roble orocant\u00e1brico. En las pedreras el problema es no acompa\u00f1ar a las piedras deslizantes en su carrera ladera abajo. Entre los brezos, no herirte con alguna rama astillada. En esta mara\u00f1a seguimos algunos trazos abiertos por los jabal\u00edes. El enramado es tan espeso que casi siempre se anda a unos cent\u00edmetros por encima del suelo, sobre un entramado de palos retorcidos. Cuando esta r\u00fastica tarima cede, lo que sucede cada pocos pasos, te hundes bruscamente entre ramas tronchadas.<\/p>\n<p>A duras penas salimos del brezal y, por contraste, las rocas verticales y fragmentadas nos ofrecen estabilidad. Hemos llegado a nuestro primer oteadero con tiempo de sobra. El sol se est\u00e1 poniendo por el oeste; la cabecera del valle, orientado seg\u00fan la trayectoria solar, se enciende, y la luna llena \u201camanece\u201d contra el cielo oscuro. Muy altos, los aviones pasan de largo sin dejar ni ruido ni estelas de vapor, lo que anuncia estabilidad atmosf\u00e9rica y nada de viento. Quietud, silencio. Un valle abierto como un anfiteatro y una manada de lobos, lo intuimos, dispuesta a rellenar el crep\u00fasculo con sus aullidos. Es la hora del lubric\u00e1n: la hora del lobo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hay peque\u00f1o detalle discordante. Valle abajo, en l\u00ednea con nuestra posici\u00f3n y la prevista de los lobos, en una aldea abandonada hay una luz azul. \u00bfQu\u00e9 hace un coche de la Guardia Civil con la luz de emergencia en un despoblado? En unos segundos los acontecimientos se van a precipitar y acabar\u00e1n las dudas. No es la Guardia Civil. Todo a la vez: dos nubecillas de humo aparecen en el aire, sobre la aldea; un segundo despu\u00e9s los estampidos de dos cohetes resuenan contra las cuatro esquinas del valle; a la luz azul se le a\u00f1aden otras de distintos colores; un ronquido, como un carraspeo, anuncia que se ha abierto un micr\u00f3fono y que empieza una verbena; un lobo, de manera espont\u00e1nea, se lanza a aullar con constancia, en series encadenadas de entre cuatro y siete aullidos.<\/p>\n<p>En la siguiente hora y media no salimos de nuestro asombro, nos movemos entre la desolaci\u00f3n y la esperanza de que, al menos por un minuto, esa profanaci\u00f3n del silencio calle. En el despoblado, ins\u00f3lita paradoja, alguien est\u00e1 celebrando una fiesta. Con m\u00e1s decibelios que asistentes \u2013los prism\u00e1ticos no dejan ver a ninguno-, la cantante de una discom\u00f3vil jalea con encomiable \u00e1nimo a ritmo de cumbia, rumba y pasodoble. Los \u00fanicos que responden con decisi\u00f3n son los lobos, que tampoco callan.<\/p>\n<p>Nunca antes hab\u00eda o\u00eddo tantos aullidos, tan seguidos. Las grabaciones, claro, no sirven para nada. Pero, pens\u00e1ndolo bien, quiz\u00e1 por s\u00ed mismas sean todo un relato sobre la situaci\u00f3n real del lobo en Espa\u00f1a. Un animal huidizo, discreto, a quien seguimos empe\u00f1ados en asociar con la idea de lo agreste, habitante de la \u00faltima frontera, pero que se esconda donde se esconda, siempre acabar\u00e1 corriendo por entre las sombras de un mundo colonizado.<\/p>\n<p><em>Bajo la luna llena de septiembre de 2018, en alg\u00fan lugar de la cordillera cant\u00e1brica.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ir a lobos es siempre una experiencia excitante. Aproximarse a una manada de lobos es pasear cerca del lado agreste de la naturaleza. 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