{"id":1185,"date":"2018-07-08T11:38:56","date_gmt":"2018-07-08T11:38:56","guid":{"rendered":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1185"},"modified":"2018-07-29T09:54:03","modified_gmt":"2018-07-29T09:54:03","slug":"aurrulaque-2018","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carlosdehita.es\/?p=1185","title":{"rendered":"Aurrulaque 2018"},"content":{"rendered":"<p><strong>Sierra de Guadarrama, donde el viento canta.<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Este es el texto del Manifiesto del Aurrulaque, la concentraci\u00f3n anual en la Pradera de Navarrulaque, en la que los monta\u00f1eros de la sierra reivindicamos la preservaci\u00f3n del Guadarrama. En este a\u00f1o, con voz queda, ped\u00edamos respeto por el silencio de las monta\u00f1as.\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Treinta y cinco ediciones ya, organizadas por Antonio S\u00e1enz de Miera y, a partir de ahora, por la RSEA Pe\u00f1alara. La sierra est\u00e1 en buenas manos.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1186\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7.jpg\" alt=\"\" width=\"4320\" height=\"2432\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7.jpg 4320w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7-300x169.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7-768x432.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Aurrulaque-7-500x281.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 4320px) 100vw, 4320px\" \/><\/a>Hablemos de paisajes sonoros, de la banda sonora de la Sierra de Guadarrama. En el a\u00f1o 1999 fundamos la <strong>Sociedad Castellarnau, de amigos de Valsa\u00edn y La Granja<\/strong>. Y elaboramos una declaraci\u00f3n de intenciones en forma de dec\u00e1logo (en realidad conten\u00eda once premisas, tantas como letras tiene el apellido Castellarnau). La segunda de ellas dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 30px;\"><strong><em>A<\/em><\/strong><em>preciamos que la belleza del lugar no ha de verse mermada por actuaciones incorrectas. La belleza que queremos preservar habita tanto en los peque\u00f1os detalles como en los grandes espacios. <\/em><\/p>\n<p>En esta sentencia se encuentra la entidad del paisaje sonoro, la suma de muchos elementos, peque\u00f1os detalles, para formar un gran espacio. Un gran concierto.<\/p>\n<p>Este otro texto de Eduardo Mart\u00ednez de Pis\u00f3n, referido a los pinares serranos, resuena en la misma tonalidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>El pinar a finales del invierno es en realidad la uni\u00f3n de la belleza de la silueta del tronco, del color tan identificador del ramaje rojizo, del crepitar que apenas se oye de su corteza, el paso entre las ac\u00edculas de los p\u00e1jaros, un trino lejano y otro pr\u00f3ximo y distinto, el claro soleado, los brillos de las micas del granito en el borde de la senda, el sonido del agua, el centelleo de la cumbre nevada entre las copas, el gran bloque gris medio cubierto de musgo, el aroma de las plantas de la ribera o de la sombra, la permanencia de un elegante estilo de la naturaleza, el reencuentro con los recuerdos&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Belleza, crepitares apenas audibles, trinos lejanos, distintos, brillos, el sonido del agua, el reencuentro con los recuerdos\u2026 No se puede sintetizar mejor, con m\u00e1s elegancia, el concepto de paisaje sonoro. Esa es la actitud del que escucha, el que espera pacientemente, se acuerda de lo que ya vivi\u00f3 y busca refugio en las soledades. Unas soledades que siempre han anidado en las monta\u00f1as y que cada vez es preciso buscar m\u00e1s lejos, m\u00e1s hacia el fondo de los valles que en las cumbres.<\/p>\n<p>Al hablar de protecci\u00f3n de la naturaleza, de la vida en los bosques, es un cl\u00e1sico citar a H.D. Thoreau, quien escribi\u00f3 cosas como que \u201c<em>cualquier sonido escuchado en la distancia produce el mismo efecto, una vibraci\u00f3n de la lira universal<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Pero yo siempre he preferido a John Muir, contempor\u00e1neo suyo, con una visi\u00f3n de la naturaleza muy interesante. Muir fund\u00f3 el Sierra Club, empuj\u00f3 para la creaci\u00f3n del Parque Nacional de Yosemite, cre\u00f3 la definici\u00f3n de parque nacional. Pero, sobre todo, se refiri\u00f3 al concepto de \u00daltima Frontera. Se refer\u00eda a un espacio virgen, lejano, intangible, en el que descansaba la idea de lo sublime, la noci\u00f3n misma de la esencia de un pa\u00eds. Para John Muir esa \u00faltima frontera era Alaska, el gigantesco e inaccesible territorio, la morada de la naturaleza salvaje.<\/p>\n<p>Nosotros no tenemos esos grandes territorios boreales, pero, modestamente, tenemos la sierra. Para muchos madrile\u00f1os, un espacio antes evocado que conocido: Siete Picos, Pe\u00f1alara, Cuerda Larga, La Granja\u2026<\/p>\n<p>Una frontera simb\u00f3lica, pues, pero que lleva al monta\u00f1ero, al naturalista, a buscarla no s\u00f3lo tras los rincones m\u00e1s rec\u00f3nditos de la sierra, sino tambi\u00e9n en los momentos m\u00e1s serenos. Un viaje por el espacio, pero tambi\u00e9n por las horas, un recorrido con nocturnidades y madrugones, al lugar, no necesariamente muy lejano, donde el ruido a\u00fan no ha despertado y donde el viento (y los p\u00e1jaros, y los anfibios, y los insectos) cantan.<\/p>\n<p>Y, \u00bfqu\u00e9 silencios se escuchan en estas monta\u00f1as? Pues esos \u201c<em>silencios que parecen sonoros<\/em>\u201d a los que hac\u00eda alusi\u00f3n <strong>P\u00edo Baroja<\/strong> en su novela Camino de Perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sonoro es el silencio blanco de las nevadas, cuando todo se mueve pero nada suena. Sonoro es el murmullo de los valles, un rumor continuo formado por la suma de las voces de vientos y aguas, filtradas por la vegetaci\u00f3n y atenuadas por la distancia. Silencio verde -serenidad, que es lo que en realidad queremos decir cuando hablamos de silencio-, es el viento largo que transporta el canto de los p\u00e1jaros, la suma de muchas voces, diferentes mensajes, ninguno dirigido a nosotros, pero que nosotros interpretamos como la m\u00fasica del paisaje. Lo que incluye frases musicales-mirlos-, ritmo y comp\u00e1s- carboneros- y hasta percusi\u00f3n, en los tamborileos de los p\u00e1jaros carpinteros que resuenan y convierten al bosque, al pinar, en un instrumento de percusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Desmenucemos un paisaje sonoro. Un p\u00e1jaro que canta delimita su territorio; dos p\u00e1jaros son un conflicto, una pelea a voces; todos los p\u00e1jaros de un lugar, m\u00e1s el viento, m\u00e1s los crujidos de las ramas y el susurro de millones de hojas componen el concierto de un bosque. Un cencerro es una oveja; varios \u2013piquetas, peseteras, zumbos- son un reba\u00f1o; junto a las voces del pastor y los ladridos de los perros sugieren una cultura, una forma de vida. Y un trueno que estalla en el cielo y retumba por las laderas rellenando todos los espacios y recovecos, esboza la imagen sonora de un valle.<\/p>\n<p>Los sonidos del Guadarrama, los silencios, no resuenan s\u00f3lo en el paisaje. Tambi\u00e9n los encontramos en los textos. Ya hemos visto algunos ejemplos. De ese tipo de silencio, de sosiego, se ha escrito cuando se escribe de la Sierra. Pero, \u00bfqui\u00e9n reconocer\u00eda hoy La Pedriza en esta descripci\u00f3n de <strong>Constancio<\/strong>\u00a0<strong>Bernaldo de Quir\u00f3s<\/strong>?:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Y apenas la noche ha suprimido las formas y el color del mundo y el paisaje, \u00e9ste adquiere nuevos elementos de sensaciones hasta entonces relegadas por la luz a t\u00e9rminos lejanos, casi subconscientes. Repentinamente el arroyo parece haber aumentado su caudal al o\u00edrsele m\u00e1s fuerte e insistente; el aire tiene vagos olores de esencias que emanan de excelsas lejan\u00edas silentes&#8230;<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n, como <strong>Jos\u00e9 Mar\u00eda Gabriel y Gal\u00e1n<\/strong>, recuerda una noche como esta?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Yo he pasado negras noches en la selva<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>recostado cabe el tronco de un abeto.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a0Escuchando los rumores del torrente<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a0 y los tr\u00e9mulos bramidos de los ciervos,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y el ahullido (sic) pla\u00f1idero de la loba,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>y las m\u00fasicas err\u00e1ticas del viento,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a0y el ins\u00f3lito graznido de los c\u00e1rabos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a0que parece carcajada del infierno.<\/em><\/p>\n<p>O esta de <strong>Pedro Fern\u00e1ndez-Cocero<\/strong>, el mejor escritor de La Granja:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En torno a mi peque\u00f1a tienda de campa\u00f1a, merodeos sigilosos sobre materia vegetal. Silencio sin fisuras, despu\u00e9s. Y ahora la blanda conversaci\u00f3n entre la brisa y la lona. En alg\u00fan lugar, sin ubicaci\u00f3n, el ulular de las aves rapaces, se\u00f1oras de la tiniebla. Dilatada pausa. Una pi\u00f1a, que ha esperado esta hora para caer. Ha girado sin duda una t\u00e9rmica y el arroyo lejano dice por breves momentos que sigue all\u00ed donde lo sab\u00edamos. El arroyo enmudece. Pir\u00e1mides de ning\u00fan ruido.<\/em><\/p>\n<p>Cerrando con algunos pasajes \u00a0de <strong>Antonio Machado<\/strong>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Lejos relumbra la piedra <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>del \u00e1spero Guadarrama.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Agua que brilla y no suena (&#8230;).<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>(&#8230;) All\u00ed hay barrancos hondos<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>De pinos verdes donde el viento canta<\/em>.<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Cartel-aurrulaque-2018.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1188\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Cartel-aurrulaque-2018.jpg\" alt=\"\" width=\"553\" height=\"823\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Cartel-aurrulaque-2018.jpg 553w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Cartel-aurrulaque-2018-202x300.jpg 202w\" sizes=\"auto, (max-width: 553px) 100vw, 553px\" \/><\/a><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>El ruido<\/strong><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed la m\u00fasica. A partir de ahora, el ruido.<\/p>\n<p>El sonido, adem\u00e1s, nos permite observar nuestro entorno desde otra perspectiva. Podemos cerrar los ojos y dejar de ver. Pero no podemos cerrar los o\u00eddos y volvernos sordos a los mensajes que emite el paisaje. En cierto modo, la mirada nos coloca como espectadores en el borde del espacio; todo lo que vemos est\u00e1 enfrente y m\u00e1s all\u00e1 de nuestros ojos. El o\u00eddo, en cambio, es inmersivo, siempre nos coloca en el centro del espacio sonoro, envueltos por voces, murmullos, crujidos y silencios. El sonido no respeta los l\u00edmites, s\u00f3lo distancias.<\/p>\n<p>Y esto es lo que nos cuenta.<\/p>\n<p>La soledad sonora del Guadarrama est\u00e1 siendo asaltada desde todas las esquinas. Por arriba, al caer \u00edntegramente bajo la sombra ac\u00fastica del aeropuerto de Barajas, que seg\u00fan los vientos que dirigen a los aviones, utiliza \u2013iron\u00edas- el puerto de Cotos como baliza de aproximaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por las carreteras, nieva, llueva o haga sol, avanza un rugido imparable que rellena el fondo de los valles de suciedad sonora.<\/p>\n<p>Contra todo esto poco se puede hacer. Es el signo de los tiempos, dicen. Pero luego a ello hay que sumar otros peque\u00f1os \u201cruidos\u201d. Los que proceden de ciertas actividades que, o\u00eddos uno a uno, pudieran parecer murmullos pasajeros pero que, en conjunto, aportan nuevos estruendos. Las aglomeraciones en determinadas zonas, las carreras de monta\u00f1a masificadas, la competici\u00f3n para hollar m\u00e1s alto, m\u00e1s lejos y m\u00e1s fuerte\u2026 y a ser posible en tropel. Si un caminante, un corredor o un ciclista son s\u00f3lo un punto, una carrera es un trazo, una r\u00e1faga.<\/p>\n<p>Hay otro tipo de \u201cruido\u201d, que no suena, pero que impone mutismo a la sierra. Es la luz, la luz nocturna que derrochamos a manos llenas y que enciende los espacios m\u00e1s oscuros con el halo lechoso de los vapores de sodio. Y bajo esa luz espectral las aves nocturnas callan, se retiran, de d\u00eda empujadas por el ruido, de noche por la claridad artificial. Un cerco que se cierra y que desde hace a\u00f1os cuenta con una cabeza de puente en lo que deber\u00eda ser el coraz\u00f3n de las tinieblas, la iluminaci\u00f3n del puerto de Navacerrada que, como una mancha, interrumpe los perfiles negros de las monta\u00f1as nocturnas.<\/p>\n<p>Y todo esto en un Parque Nacional, donde, al menos sobre el papel, las prioridades deber\u00edan estar claras. Pero lo cierto es que el futuro de la sierra es un enigma.<\/p>\n<p>Porque un Parque Nacional no es garant\u00eda de nada.<\/p>\n<p>El de <strong>Ordesa y Monte Perdido<\/strong> se fund\u00f3 hace ahora cien a\u00f1os para preservar el bucardo pirenaico, extinguido hace unos a\u00f1os.<\/p>\n<p>En <strong>La Monta\u00f1a de Covadonga<\/strong>, donde, por cierto, se inaugur\u00f3 la pol\u00edtica de compartimentaci\u00f3n en la cogesti\u00f3n al ser ampliado a <strong>Picos de Europa<\/strong>, ha pasado un siglo sin templar en la guerra entre ganaderos y lobos. Lo malo es que ahora el PN parece que ha cambiado de bando.<\/p>\n<p><strong>Las Tablas de Daimiel<\/strong> no son dos r\u00edos que se desbordan en la llanura manchega, sino una represa. Parad\u00f3jicamente, uno de ellos, el Guadiana, ya no nace en los Ojos, sino en la cabecera del Tajo, a trav\u00e9s del trasvase al Segura.<\/p>\n<p><strong>Sierra Nevada<\/strong> lucha por no ser una sucursal de Solynieve.<\/p>\n<p><strong>El Archipi\u00e9lago de Cabrera<\/strong> es cada vez m\u00e1s un fondeadero de yates.<\/p>\n<p><strong>Las Islas Atl\u00e1nticas de Galicia<\/strong> deber\u00edan cambiar su nombre por el de Playas Atl\u00e1nticas de Galicia.<\/p>\n<p><strong>El Teide<\/strong> es el primer destino tur\u00edstico de naturaleza de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00bfY <strong>Guadarrama<\/strong>\u2026?<\/p>\n<p>Lo dicho, un enigma. Porque aqu\u00ed se puede estar trazando el futuro del significado de un Parque Nacional. As\u00ed como hace un siglo se pensaba en la sierra como modelo (educativo, regeneracionista, higienista), parece que hoy en d\u00eda la sierra tambi\u00e9n puede servir de inspiraci\u00f3n, de modelo para la gesti\u00f3n de los espacios naturales, sometidos a la presi\u00f3n intensa de una ciudadan\u00eda ansiosa por escapar, siquiera por unas horas, de sus barreras. Y la sierra, que fue barrera para tantas avalanchas, puede que no sea capaz de soportar esta.<\/p>\n<p>Y todo esto se produce porque ha tenido lugar un cambio de paradigma. El \u00e9xito de la gesti\u00f3n de un espacio protegido se mide ahora por el n\u00famero de visitantes. El placer de una visita, por las facilidades para llegar hasta el final con el menor esfuerzo. El resultado es la trivializaci\u00f3n de lo sublime. En la Sierra cabe mucha gente; en el ruido no cabe el silencio.<\/p>\n<p><strong>Cambios clim\u00e1ticos<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s? Lo peor que est\u00e1 por venir. Otra oleada. Las temperaturas suben, los veranos empiezan cada a\u00f1o un poco antes, de manera que aqu\u00ed, en la sierra, en los \u00faltimos treinta a\u00f1os la llegada de la temporada estival se ha adelantado tres semanas. El aumento de las temperaturas es visible en la reducci\u00f3n de los neveros, en la sequedad de los ventisqueros. Las lluvias se concentran, las tormentas veraniegas son raras. Y el paisaje sonoro cambia. La composici\u00f3n de la orquesta var\u00eda. Algunas especies, las m\u00e1s resistentes, se dejan o\u00edr cada vez m\u00e1s. Otras, mas sensibles, discretamente callan. En las zonas tranquilas, por las noches, aumenta el n\u00famero de c\u00e1rabos, pero cada vez se oyen menos, y por menos tiempo, los ronroneos de los chotacabras. En las praderas de la rampa se escucha cada vez menos el bordoneo intenso de las abejas, la base de tantas cosas. La termoclina sube, y con ella llegan nuevas voces. Podr\u00eda parecer una buena noticia, pero el canto nocturno de los ruise\u00f1ores, tan refrescante, asciende ladera arriba hasta puntos donde, al menos yo, no hab\u00eda reparado en ellos. Y no, definitivamente, no es una buena noticia la incorporaci\u00f3n al concierto natural del pinar de Valsa\u00edn, a 1.200 metros de altitud en la cara norte, fresca y umbr\u00eda, de un sonido tan asociado al calor veraniego como el de las cigarras, las \u201cchicharras\u201d. Si, como se suele decir, el sonido es un term\u00f3metro, no hay mejor indicio de la subida de las temperaturas que la aparici\u00f3n de este sonido estridente, de dientes de sierra, que nos recuerda el significado de la palabra \u201cachicharrarse\u201d.<\/p>\n<p>De momento todo ello ruidos que \u2013salvo el de los aviones- ascienden desde el fondo de los valles. La altitud y las pendientes de las monta\u00f1as siempre han sido su defensa. Hasta que la gente decidi\u00f3 aceptar el desaf\u00edo.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pinta un naturalista metido a t\u00e9cnico de sonido denunciando este pandemonium? Poca cosa, o nada. Una voz contra muchas, ni siquiera un contrapeso.<\/p>\n<p>Para terminar volver\u00e9 a nuestro manifiesto fundacional, el punto once de nuestro dec\u00e1logo:<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 U<\/em><\/strong><em>tilizaremos el debate y la pol\u00e9mica, pero sin olvidar el buen gusto y el respeto al \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 otro, actuando siempre bajo los dictados de la libertad y el buen humor. <\/em><\/p>\n<p>Pues lo dicho. A correr, a trepar y a triscar por las veredas de la sierra. Con una sonrisa y, por favor, en silencio.<\/p>\n<p><strong>Carlos de Hita, Valsa\u00edn, julio de 2018.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sierra de Guadarrama, donde el viento canta. 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