{"id":995,"date":"2016-06-22T06:24:31","date_gmt":"2016-06-22T06:24:31","guid":{"rendered":"https:\/\/carlosdehita.es\/?page_id=995"},"modified":"2018-10-28T23:46:34","modified_gmt":"2018-10-28T23:46:34","slug":"valsain-y-la-sierra-de-guadarrama","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/carlosdehita.es\/?page_id=995","title":{"rendered":"La Sierra de Guadarrama"},"content":{"rendered":"<h1><strong>La Sierra manantial<\/strong><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1276\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419.jpg\" alt=\"\" width=\"3456\" height=\"4613\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419.jpg 3456w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419-225x300.jpg 225w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419-768x1025.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_6025-e1540770046419-767x1024.jpg 767w\" sizes=\"auto, (max-width: 3456px) 100vw, 3456px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote>\n<h6>\u00a0Lejos relumbra la piedra<\/h6>\n<h6>del \u00e1spero Guadarrama.<\/h6>\n<h6>Agua que brilla y no suena.<\/h6>\n<h6><\/h6>\n<h6>Canci\u00f3n de las tierras altas, Antonio Machado.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p>Las monta\u00f1as son las f\u00e1bricas del agua. En sus cumbres se enganchan las nubes, en las vaguadas se detienen las nieblas, los bosques transpiran vapor.<\/p>\n<p>Toda la sierra de Guadarrama es un manantial. La lluvia y la nieve dan lugar a arroyos y regatos que se precipitan por cascadas y r\u00e1pidos. Al paso del agua, junto a fuentes y manantiales, la sierra suena. Cantan y reclaman los p\u00e1jaros forestales, ladran y ma\u00fallan las rapaces diurnas, ululan los b\u00fahos, braman los corzos, croan los anfibios; no hay palabras suficientes para enumerar todos los sonidos de los insectos.<\/p>\n<p>Donde hay agua hay pasto. Por toda la sierra tintinea el ganado.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en pleno invierno, detenida por el fr\u00edo, el agua de la sierra brilla pero no suena.<\/p>\n<p>Estos relatos sonoros fueron publicados por el Centro Nacional de Educaci\u00f3n Ambiental, CENEAM, dentro de la serie Paisajes sonoros de los Parques Nacionales. Con ilustraciones originales de Juan Varela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><\/h5>\n<h5><strong>El silencio blanco<\/strong><\/h5>\n<p><strong>Azud del acueducto de Segovia, pinar de La Acebeda<\/strong>.<\/p>\n<p><em>En invierno, las aguas de la sierra manantial vienen en silencio, en forma de copos de nieve. Pero cuando se acumulan sobre las copas de los pinos pueden llegar a caer con estr\u00e9pito.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. El silencio blanco\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/5ZvW1usocU8?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Es todo un desaf\u00edo ilustrar el sonido de paisaje nevado. Los copos caen en silencio, los animales paralizan su actividad; la capa de nieve, adem\u00e1s, absorbe las frecuencias m\u00e1s agudas y la atm\u00f3sfera suena, si lo hace, sorda, apagada y sin brillo.<\/p>\n<p>Pero siempre hay algo capaz de interrumpir la monoton\u00eda m\u00e1s espesa. Tras una copiosa <a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/01-Mirlo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1212\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/01-Mirlo.jpg\" alt=\"\" width=\"374\" height=\"301\" \/><\/a>nevada las copas de los pinos ya no soportan las grandes masas de nieve, tan pesadas que amenazan la estructura de las ramas. A poco que el aire temple, o que un viento serrano sople entre el arbolado, grandes masas de nieve se precipitan contra el suelo con estr\u00e9pito. Decenas, cientos de kilos de nieve apelmazada caen y los impactos producen un retumbo sordo. Una profunda percusi\u00f3n utiliza el suelo del bosque como caja de resonancia. El silencio blanco, a veces, es un estruendo.<\/p>\n<p>Por estas fechas la mayor\u00eda de los que se mueven no est\u00e1n muy dispuestos a decir nada. Las aves forestales callan; bastante hacen con aguantar el fr\u00edo\u00a0 y buscar la poca comida disponible bajo el manto blanco. Sin embargo, algunos ejemplares aislados, algunas bandadas, van dejando un rastro sonoro en su merodeo en busca de alimento. En los bosques s\u00f3lo se escuchan sonidos muy simples, reclamos sencillos: el martilleo agudo de los mirlos, tan lejano ac\u00fasticamente hablando, de su canci\u00f3n; el crepitar de los petirrojos y chochines, o las voces apelotonadas de las bandadas de mitos, siempre de paso entre las copas.<\/p>\n<p>Muy arriba un \u00e1guila imperial ladra y traza as\u00ed, desde el aire, los l\u00edmites de su territorio en el suelo.<\/p>\n<p>Pero todo esto no son m\u00e1s que episodios fugaces. El cielo se hace plomizo, parece que la atm\u00f3sfera templa y vuelve la nevada. Cae de nuevo el silencio blanco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos forestales<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fuente de La Fuenfr\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><em>El bosque como instrumento. Al comienzo de la primavera cuatro tableteos apresurados resuenan desde cuatro direcciones distintas. Esto es una frontera, el v\u00e9rtice\u00a0 en el que confluyen y se solapan los territorios de otros tantos picos picapinos.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. Trabajos forestales\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/o6UAvhR_3OA?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Cada tamborileo, en r\u00e1fagas de quince a veinte picotazos por segundo, lanza una se\u00f1al de advertencia a los competidores: hasta aqu\u00ed pod\u00e9is llegar, este tronco es mi l\u00edmite.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1213 alignright\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos.jpg\" alt=\"\" width=\"281\" height=\"265\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos.jpg 4927w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos-300x282.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos-768x723.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos-1024x964.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/02-Picapinos-319x300.jpg 319w\" sizes=\"auto, (max-width: 281px) 100vw, 281px\" \/><\/a>Puesto que el tronco es el instrumento, el resonador que amplifica la se\u00f1al de advertencia, es normal que cada picapinos busque el que re\u00fana las mejores condiciones ac\u00fasticas. Por lo general prefieren los troncos secos, duros, contra los que repicar mejor; su sonido es brillante, r\u00e1pido, y se propaga\u00a0con facilidad bosque adentro. Pero hay a quienes les gustan las tonalidades m\u00e1s elaboradas, m\u00e1s sutiles. Son los que tabletean contra le\u00f1as descompuestas, con gruesas cortezas minadas por los insectos taladradores; el tamborileo es lento, casi se pueden contar los golpes uno a uno, y el sonido resultante es sordo, apagado, cargado del aroma de la madera vieja.<\/p>\n<p>En el pinar hay m\u00e1s carpinteros. Pico menor. Cloquea una ardilla, tronco arriba.<\/p>\n<p>A su manera, tambi\u00e9n los trepadores azules trabajan la madera. Los picotazos contra el tronco en busca de comida son tan delatores de su presencia como los silbidos agudos que lanzan cuando, en lugar de trepar, destrepan madera abajo. Junto a ellos sisean los delicados agateadores.<\/p>\n<p>El pinar es, claro est\u00e1, el dominio del carbonero garrapinos, que, como todos los miembros de su familia, la de los p\u00e1ridos, pone un toque r\u00edtmico sobre tanta percusi\u00f3n.<\/p>\n<p>La comunidad forestal incluye a otras muchas especies. Este es el cat\u00e1logo. Completan el elenco de los p\u00e1ridos los carboneros comunes y los herrrillos capuchinos. De los fring\u00edlidos est\u00e1n casi todos: l\u00faganos, piquituertos, camachuelos, verderones serranos y\u00a0 verdecillos. Y los m\u00e1s ubicuos de todos, los pinzones vulgares y su torrente de voz.<\/p>\n<p>En el extremo opuesto, no hay canto m\u00e1s sutil que el de los dos reyezuelos, el sencillo y el listado. A su paso el pinar se llena de siseos y sutilezas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Altos de La Morcuera<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fuente de Coss\u00edo<\/strong><\/p>\n<p><em>Primeras luces de mayo. Gris el cielo, amarillas las flores de los piornos; negras las vacas de la raza avile\u00f1a.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. Altos de la Morcuera\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/ltVXFu9_qH4?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Una nava, una amplia planicie entre monta\u00f1as, a m\u00e1s de 1.700 metros de altura, cubierta de pastos, piornales y algunas raqu\u00edticas repoblaciones de pinos. Las cumbres de los picos del Guadarrama \u2013una exageraci\u00f3n, dada su forma redondeada- se dibujan en los horizontes: Pe\u00f1alara al norte, las Cabezas de Hierro al oeste, la Najarra encima del puerto. El amarillo de los piornos es un tapiz sobre el suelo verde. El cielo gris del amanecer lo es m\u00e1s a\u00fan por unas nubes que amenazan tormenta. Llovizna y hace fresco, pero las vacas siegan la hierba y rumian tranquilas.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1214\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul.jpg\" alt=\"\" width=\"317\" height=\"365\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul.jpg 3766w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul-260x300.jpg 260w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul-768x887.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/03-Pechiazul-887x1024.jpg 887w\" sizes=\"auto, (max-width: 317px) 100vw, 317px\" \/><\/a>Cantan todos las aves del piornal. Contra el cielo una alondra aletea incansable, colgada en su oteadero invisible. La falta de posaderos obliga a estos p\u00e1jaros a elevarse en el aire para desde all\u00ed delimitar sus territorios. La alondra canta, silba largas parrafadas sin pausa, al tiempo que aletea con fuerza para mantenerse en vuelo. Parece f\u00e1cil, pero es como hablar a la carrera y sin parar para tomar aire<\/p>\n<p>Con m\u00e1s calma se lo toma un escribano hortelano, un p\u00e1jaro de los pastizales de altura que reclama con un silbido quedo y lanza su sencilla frase de canto. M\u00e1s discreto, otro escribano, el montesino, se esconde dentro de un arbusto y s\u00f3lo deja o\u00edr un sutil reclamo agudo, casi un susurro. Sobre el amarillo de los piornos destaca la voz, y el color, de un \u00a0pechiazul.<\/p>\n<p>Aparece una voz m\u00e1s mel\u00f3dica. Silba una totov\u00eda, desde un arbusto. Y matraquean a la vez todos los miembros de una familia de tarabillas: los pollos volantones y sus padres.<\/p>\n<p>Arriba, aunque un poco m\u00e1s cerca de la tierra, la alondra sigue con su parloteo.<\/p>\n<p>La tormenta se acerca. A un acentor com\u00fan parece entrarle prisa y vocaliza una r\u00e1faga apresurada. Pero nada, ni el aviso del trueno,\u00a0 puede alterar\u00a0 la serenidad de una vaca satisfecha.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>A la espera de un corzo<\/strong><\/p>\n<p><strong>Aguas tuertas del arroyo de Regajos Fr\u00edos, Majada Hambrienta<\/strong><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"A la espera de un corzo\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/TiRJb3steGM?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Solsticio de verano. La noche es oscura, estrellada. La luna a\u00fan tardar\u00e1 varias horas en salir, aunque un resplandor la anuncia hacia el este, por detr\u00e1s de la loma de Pe\u00f1alara. <\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1182 alignleft\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1.jpg\" alt=\"\" width=\"325\" height=\"283\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1.jpg 5233w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1-300x260.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1-768x666.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1-1024x888.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/04-Corzo-1-346x300.jpg 346w\" sizes=\"auto, (max-width: 325px) 100vw, 325px\" \/><\/a>No corre una gota de aire, ni brisa que sacuda hoja alguna. Silencio y quietud, s\u00f3lo matizado por el murmullo de las aguas retorcidas del arroyo de Regajos Fr\u00edos, hermano de nacimiento del Pe\u00f1alara, y los ocasionales arranques de unas ranas, comunes y de San Ant\u00f3n. Croan a lo lejos, desde los tremedales.<\/p>\n<p>A media distancia un c\u00e1rabo \u2013los o\u00eddos y los ojos de un b\u00faho- lanza unos ga\u00f1idos agudos. Debe ser una madre que, subida a las ramas altas de un pino, avisa a sus pollos de la presencia de un extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Pronto los pollos olvidan toda cautela y\u00a0empiezan a chillar, con unos gritos arrastrados, agudos, pla\u00f1ideros. Unos grillos estridulan sin mucha convicci\u00f3n; la noche est\u00e1 fresca. Un crujido pasa por encima, como el rastro de un moscard\u00f3n, y le sigue otro. El primero, un insecto de gran tama\u00f1o que pasa zumbando, quiz\u00e1 un cole\u00f3ptero, un ciervo volante. El segundo, m\u00e1s grande, un chotacabras europeo, ave de la noche que silba, ronronea y palmetea con las alas mientras cuartea su territorio, un claro del bosque confinado entre matas de pinos y robles.<\/p>\n<p>Siguen los pollos hambrientos. Ahora a media distancia ulula otro c\u00e1rabo, seguramente el padre. Y el ululato anuncia que, por el momento, no hay comida.<\/p>\n<p>Entre la vegetaci\u00f3n, cerca, se oyen unos chasquidos. Un animal de gran tama\u00f1o pisotea, rompe las ramas ca\u00eddas. Es un corzo que lanza un ladrido bronco, abierto. Pero la voz que rompe el silencio del bosque no es una voz de alarma; el animal no huye a saltos, rompiendo la maleza, sino que empieza una serie de llamadas, distintas, como explorando varios registros, mientras camina y describe un arco. Se trata de un macho en celo, aquerenciado desde hace d\u00edas a este claro de hierba y helechos, que se asoma as\u00ed al celo. Con estos bramidos desaf\u00eda a otros machos, intenta seducir a alguna hembra.<\/p>\n<p>Los ladridos se extienden durante un largo rato, hasta que el corzo calla y se aleja, tranquilo, a recuperar fuerzas y ganas en alguna vega fresca.<\/p>\n<p>La ladra de los corzos marca el comienzo del verano en la Sierra. Mientras, el c\u00e1rabo no ha parado de ulular. Ni los pollos de pedir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Las horas del cuco<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arroyo de la Laguna de Pe\u00f1alara, por el Camino Viejo del Paular<\/strong><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. Las horas del cuco\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/uYuKRtOS3hg?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p><em>En verano, en cualquier arboleda, a cualquier hora del d\u00eda, la voz lejana del cuco marca el paso de las horas.<\/em><\/p>\n<p>Mucho antes del amanecer, cuando la luz empieza a clarear, en la atm\u00f3sfera del bosque resuenan las llamadas del d\u00eda. El cuco est\u00e1 entre los primeros, pero no es el \u00fanico. Junto a \u00e9l canta un mirlo, estalla un choch\u00edn, parlotea un petirrojo.<\/p>\n<p>La voz del cuco no siempre se ajusta a su nombre. A veces la doble nota se convierte en una r\u00e1pida carcajada.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1192 alignright\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco.jpg\" alt=\"\" width=\"327\" height=\"307\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco.jpg 4842w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco-300x281.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco-768x720.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco-1024x960.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/05-Cuco-320x300.jpg 320w\" sizes=\"auto, (max-width: 327px) 100vw, 327px\" \/><\/a>A media ma\u00f1ana el cuco canta desde una mata de robles, un paisaje cerrado. Suena la doble nota, intercalando pausas de silencio, acompa\u00f1ada por todo el elenco forestal y los primeros grillos y saltamontes, que templan los \u00e9litros con el aire ya tibio de la ma\u00f1ana. Por encima de las copas, en vuelo coronado, ma\u00falla un ratonero. Y desde las profundidades del bosque llega la llamada de un azor.<\/p>\n<p>El sol empieza a declinar hacia el oeste. A\u00fan queda mucho para la noche, pero en el bosque la actividad se acelera. Grazna una corneja. La llamada del cuco siempre enga\u00f1a; resuena y parece una declamaci\u00f3n desde la distancia, pero en realidad es mucho m\u00e1s suave y el ave, a\u00fan estando muy cerca, parece lejana. El cuco, siempre burl\u00e1ndose de quienes le escuchan.<\/p>\n<p>La verdadera hora del cuco. Anochece, el bosque es una sombra. Ahora s\u00ed, los grillos rascan a conciencia con las alas. Y un cuco asoma en la distancia. En un claro del bosque se acerca la silueta de una becada volando en c\u00edrculos sobre las copas, recortada contra el cielo negro e iluminada por la luna. Y todo con la letan\u00eda burlona del cuco resonando a nuestra espalda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><strong>Tormenta de verano<\/strong><\/h1>\n<p><strong>Laguna de Pe\u00f1alara<\/strong><\/p>\n<p><em>Las aguas de la sierra manantial caen ahora del cielo y se remansan en la laguna de Pe\u00f1alara. Pero la lluvia no viene con discreci\u00f3n. El rayo dura un instante, pero el eco del trueno se estira valle abajo.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama.Tormenta de verano\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/Nu76cxUzXxA?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Por encima de los 2000 metros una tormenta adquiere una dimensi\u00f3n inquietante. Y m\u00e1s si se produce sobre un recuenco, una gran c\u00e1mara de resonancia hecha de piedra. La exhalaci\u00f3n del rayo produce el primer chasquido, pero la violenta onda de choque rebota contra las paredes de roca, se amplifica contra la l\u00e1mina de agua y rellena todo el espacio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/10-Cuervo-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1220\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/10-Cuervo-1.jpg\" alt=\"\" width=\"384\" height=\"305\" \/><\/a>El estampido del trueno, un eco en estado puro, sale del circo de la laguna y se desborda valle\u00a0abajo. Cada retumbo, cada quiebro del sonido, se produce al reflejarse contra una nueva pared, contra una discontinuidad del terreno. El trueno rellena el espacio y hace un dibujo sin l\u00edneas del alto valle del Lozoya.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La se\u00f1al<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arroyo de La Umbr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. La sen\u0303al\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/ZwBFre6NLFM?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p><em>Andando por los bosques en estos d\u00edas, mediado el verano, oiremos una se\u00f1al que se propaga de un lado para otro. Es una llamada de tensi\u00f3n y desconfianza. El bosque entero est\u00e1 alerta.<\/em><\/p>\n<p>Todas las aves forestales llevan semanas ocupadas en sacar adelante a sus pollos. Muchas de ellas ir\u00e1n ya por la segunda, y hasta por la tercera puesta. En cada \u00e1rbol, en cada mara\u00f1a, hay nidos ocultos llenos de seres desvalidos. Pinzones, petirrojos, carboneros, mirlos, chochines y dem\u00e1s, se han repartido todo el territorio disponible, en \u00e1reas delimitadas por la sutil frontera que trazan con sus cantos. As\u00ed que estemos donde estemos, en marcha o quietos, siempre nos encontraremos cerca de un nido, o con una familia de pollos volantones deambulando alrededor. Y con uno o dos adultos que, sintiendo la amenaza sobre los suyos, se expondr\u00e1n con valent\u00eda para atraer hacia s\u00ed el peligro.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/06-Petirrojos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1210\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/06-Petirrojos.jpg\" alt=\"\" width=\"317\" height=\"270\" \/><\/a>La tensi\u00f3n se palpa en el aire. El reclamo de alerta de muchos p\u00e1jaros forestales es muy similar, y se expresa\u00a0en la forma que podr\u00edamos denominar silbarronca: una serie de silbidos m\u00e1s o menos finos, m\u00e1s o menos agudos, seguidos por un carraspeo. La silbarronca la hacen los ruise\u00f1ores, a quienes, en rigor, se les debe aplicar el nombre \u2013un sonido tan distinto al de su canto que en muchos sitios se los toma por especie diferente-. Pero tambi\u00e9n la hacen los carboneros comunes, aunque de manera m\u00e1s sutil, m\u00e1s aguda.<\/p>\n<p>Una secuencia similar emiten los petirrojos excitados, que se exponen con gallard\u00eda al peligro con un silbido met\u00e1lico, penetrante, emitido en largas series antes del carraspeo. Y los pinzones vulgares, siempre tan ruidosos, que encaramados a las ramas silban, l\u00edquidos, y rematan con un <em>chui chui<\/em> doble, una desviaci\u00f3n sin aristas del carraspeo ronco.<\/p>\n<p>Currucas capirotadas y chochines prescinde de los silbidos y se quedan con el ronquido, acelerado y en tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>A nuestro paso el sonido del bosque cambia. La se\u00f1al no deja lugar a dudas. En las arboledas donde rebullen nuevas presencias no somos m\u00e1s que unos intrusos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Luna de c\u00e1rabos<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arroyo de La Chorranca<\/strong><\/p>\n<p><em>Luna llena de oto\u00f1o. Dentro del bosque las siluetas de los \u00e1rboles, sombras negras, contrastan con la fr\u00eda claridad. Como un aguatinta.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. Luna de ca\u0301rabos\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/O0Jxb1G50zk?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>El silencio se arrastra valle abajo, envuelto en jirones de niebla impulsados por el peso del aire fr\u00edo de las capas m\u00e1s altas. Todav\u00eda no han llegado las heladas, por lo que el rasgueo de algunos insectos rompe el tel\u00f3n sonoro. A ratos se animan y forman una nube de ruidillos, dif\u00edciles de localizar en el claroscuro.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1216 aligncenter\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo.jpg\" alt=\"\" width=\"328\" height=\"326\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo.jpg 4956w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo-150x150.jpg 150w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo-300x298.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo-768x764.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo-1024x1018.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/07-Carabo-302x300.jpg 302w\" sizes=\"auto, (max-width: 328px) 100vw, 328px\" \/><\/a>Esta situaci\u00f3n puede durar un largo rato. Hasta que un lamento cruza la noche. El primero convoca a un segundo, un tercero y hasta un cuarto, m\u00e1s lejos. Varios c\u00e1rabos que deambulan por ah\u00ed se cruzan en un punto, un rodal de pinos en el centro de un claro. Y durante unos segundos el bosque es un escenario fantasmag\u00f3rico. Los j\u00f3venes nacidos la pasada primavera ya se han emancipado y recorren los bosques en busca de cazaderos. Esto da lugar a conflictos territoriales, discusiones a base de ululatos.<\/p>\n<p>Callan los c\u00e1rabos. Vuelven los insectos. Por encima de todo, suenan los pulsos agudos de los murci\u00e9lagos, la parte audible de los ultrasonidos con que se orientan en sus vuelos de caza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Las monta\u00f1as de la bruma<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fuente de Collado Ventoso<\/strong><\/p>\n<p><em>Y tras las lluvias llegaron las nieblas. No los pesados bancos de niebla que amortajan durante d\u00edas las llanuras, sino las brumas ligeras, los jirones de vapor que emergen de los bosques, de las vaguadas y los riscos en las laderas.<\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. Montan\u0303as de bruma\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/aLXU9936-oA?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Vistos en la distancia, parece que los bosques de monta\u00f1a est\u00e1n puestos a secar. Desde dentro la\u00a0 sensaci\u00f3n es otra. La niebla parece inm\u00f3vil y comunica ese aire de inmovilidad, de quietud, al paisaje que envuelve. La visibilidad se cierra a unos pocos metros; las formas se desdibujan; el bosque m\u00e1s simple se convierte en una intrincada selva. En cuanto al fondo, el bosque suena a poca cosa, si es que suena a algo m\u00e1s all\u00e1 de los murmullos t\u00edpicos de los valles.<a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1217\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos.jpg\" alt=\"\" width=\"354\" height=\"305\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos.jpg 4579w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos-300x258.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos-768x660.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos-1024x880.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/08-Garrapinos-349x300.jpg 349w\" sizes=\"auto, (max-width: 354px) 100vw, 354px\" \/><\/a><\/p>\n<p>A mediados de noviembre los p\u00e1jaros forestales est\u00e1n en plena invernada, es decir, en silencio. Lo m\u00e1s que se atreven a emitir son unos sutiles reclamos, casi siempre s\u00edlabas aisladas agudas y penetrantes, mensajes de aviso, cargados de tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Un zorzal com\u00fan est\u00e1 alerta. La llamada, aguda y r\u00e1pida, sirve para avisar a toda la comunidad entre la niebla de la presencia de un intruso. Las se\u00f1ales breves y de alta frecuencia son muy dif\u00edciles de localizar, y esta es una peculiaridad de la que se sirven los zorzales para avisar de un peligro sin delatarse inmediatamente.<\/p>\n<p>Sisea un zorzal alirrojo. Aunque cueste creerlo, pasan por ser las aves mejor dotadas para el canto&#8230; el resto del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Hay que tener un o\u00eddo muy fino para identificar a las diferentes especies en este cat\u00e1logo de alfilerazos agudos. Agateadores comunes, carboneros garrapinos y los rechonchos picogordos emiten sus sutilezas junto a los escribanos montesinos.<\/p>\n<p>Cada tarde, cerca del crep\u00fasculo, cientos de cuervos revuelan por la ladera de Siete Picos, entre los puertos de Navacerrada y la Fuenfr\u00eda; aunque parezca mentira, lo que buscan con tanto barullo es un lugar tranquilo para pasar la noche. Por debajo de ellos graznan los arrendajos.<\/p>\n<p>Pero la quietud vuelve enseguida a los bosques inmovilizados por la niebla.<\/p>\n<p><strong>A testarazos<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arroyo Mediano, en el Hueco de San Blas<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><em>El paisaje parece una instant\u00e1nea, el desmoronamiento de una monta\u00f1a detenido por un instante que amenaza con desplomarse de un momento a otro. Enormes bolas de granito en equilibrio inestable, rocas de toneladas de peso sujetas por un punto de apoyo, pedreras que se precipitan ladera abajo. <\/em><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Relatos del Guadarrama. A testarazos\" width=\"584\" height=\"329\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/x5-eX2-IKUA?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Entramos en los dominios de la cabra mont\u00e9s. Noviembre, su \u00e9poca de celo.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/09-Cabra.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1218\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/09-Cabra.jpg\" alt=\"\" width=\"354\" height=\"248\" \/><\/a>Este laberinto p\u00e9treo es un lugar ideal para esconderse. Unos trallazos restallan detr\u00e1s de una roca. Al tiempo, un silbido agudo, audible a cientos de metros, propaga la alarma. Pero en estos momentos no hay se\u00f1al capaz de distraer a dos cabras, dos machos monteses, que discuten sin sutilezas para aclarar el rango dentro del reba\u00f1o. Noviembre es temporada de celo en las monta\u00f1as, en el aire flotan todo tipo de sugerencias y los machos s\u00f3lo saben utilizar la cabeza como ariete.<\/p>\n<p>Alrededor de los dos contendientes, el hasta ahora l\u00edder y el aspirante a todo, se arremolina el reba\u00f1o: cinco o seis madres, cada una de ellas con un chivo pegado, y dos o tres machos j\u00f3venes, con poca cornamenta y menos posibilidades. Comen, balan, mantienen una cierta tensi\u00f3n con unos estornudos discretos.<\/p>\n<p>La fuerza bruta no est\u00e1 re\u00f1ida con la ternura. Una cosa es quitarse de encima a los aspirantes y otra cortejar a las hembras.\u00a0 Inm\u00f3vil, con el cuerpo estirado y la cabeza agachada, el macho gimotea, parece que implora un trato de favor. Con un ga\u00f1ido que tanto puede parecer de s\u00faplica como de protesta.<\/p>\n<p>Arriba, en las cumbres de la Cuerda Larga, se engancha el mal tiempo. De all\u00ed vienen los bandos de verderones serranos, los zorzales charlos en paso. Hasta los cuervos bajan de las pe\u00f1as. Los silbidos de alarma marcan el l\u00edmite de la tolerancia. Por lo dem\u00e1s, entre embestidas y con amenaza de ventisca, no hay nada nuevo en la rutina diaria de las cabras montesas.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1225\" src=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669.jpg\" alt=\"\" width=\"5184\" height=\"2514\" srcset=\"https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669.jpg 5184w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669-300x145.jpg 300w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669-768x372.jpg 768w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669-1024x497.jpg 1024w, https:\/\/carlosdehita.es\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/MG_7394-e1538390925669-500x242.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 5184px) 100vw, 5184px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Sierra manantial \u00a0Lejos relumbra la piedra del \u00e1spero Guadarrama. Agua que brilla y no suena. Canci\u00f3n de las tierras altas, Antonio Machado. &nbsp; Las monta\u00f1as son las f\u00e1bricas del agua. En sus cumbres se enganchan las nubes, en las &hellip; <a href=\"https:\/\/carlosdehita.es\/?page_id=995\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-995","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=995"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1278,"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995\/revisions\/1278"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/carlosdehita.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=995"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}